Tlatelolco en crisis: violencia, abandono y el miedo de sus habitantes

La icónica unidad habitacional vive una crisis de seguridad sin precedentes: despojos, narcomenudeo y un hospital abandonado convertido en refugio de la delincuencia.

La noche en que Tlatelolco ardió

Hace dos meses, de madrugada, un grupo de delincuentes irrumpió en un departamento del noveno piso del edificio Ignacio Ramírez, en Tlatelolco. Atacaron a un hombre con navajas, lo despojaron de su hogar y cuando la policía llegó, los agresores se atrincheraron. Uno de ellos hirió a un oficial con un arma punzocortante y, en un intento desesperado por evitar la detención, incendiaron el departamento.

Aquella madrugada del 16 de noviembre marcó un punto de quiebre en la seguridad de la unidad habitacional. La violencia que durante años se había gestado en las sombras emergió con una brutalidad que dejó una advertencia clara: Tlatelolco ya no es seguro.

El hospital olvidado: refugio de la delincuencia

A pocos metros del lugar del ataque se levanta una ruina que simboliza el abandono institucional: el hospital del ISSSTE “Dr. Gonzalo Castañeda”.

Cerrado hace 13 años, fue prometida su rehabilitación al inicio del gobierno de López Obrador con un presupuesto de 1,600 millones de pesos, pero las obras jamás llegaron. Hoy, el hospital es un foco de delincuencia, un refugio para indigentes y un vertedero de basura.

La estructura en decadencia genera un ambiente de peligro constante para los vecinos, quienes denuncian que el área ha sido tomada por grupos que operan robos, asaltos y narcomenudeo.

Invasiones y crimen: el negocio de los despojos

La Unidad Habitacional Tlatelolco, con más de 90 edificios y 11 mil departamentos, se ha convertido en terreno fértil para invasores.

Grupos organizados, algunos conformados por extranjeros, han identificado departamentos deshabitados o con adultos mayores para despojarlos de sus viviendas. Testimonios señalan que cambian chapas, falsifican contratos de renta y ocupan las propiedades con total impunidad.

Las torres de la tercera sección, afectadas por sismos y en proceso de abandono, han sido el blanco más vulnerable.

Pero el despojo de viviendas no es el único problema. Los puntos de venta de droga han proliferado en los alrededores de la Plaza de las Tres Culturas y el jardín de Tlatelolco.

Crimen organizado: extorsión, robos y asesinatos

Los 600 locales comerciales de la unidad también han sido víctimas de extorsión y cobro de piso. Los dueños de negocios denuncian que grupos criminales exigen pagos semanales a cambio de “protección”, y quienes se niegan sufren ataques o el cierre forzoso de sus establecimientos.

Los robos de autopartes han alcanzado niveles alarmantes. Vecinos reportan que entre las dos y las cinco de la mañana los delincuentes ingresan a los estacionamientos y desmantelan autos sin que la vigilancia pueda hacer algo.

“Se roban la fibra óptica, los cables, el metal. Nos hemos quedado sin luz, sin teléfono, sin internet”, denuncian los habitantes.

El deterioro de las instalaciones eléctricas ha provocado al menos dos incendios por cortocircuitos en los últimos años. En 2019, el edificio Zacatecas sufrió un siniestro que dejó una persona muerta y más de 300 evacuados.

Tlatelolco de noche: una ciudad fantasma

De noche, Tlatelolco es un lugar inhóspito. Calles oscuras, pasillos solitarios y una vigilancia insuficiente crean el escenario perfecto para el crimen.

Actualmente, solo ocho policías por turno resguardan una comunidad de más de 30 mil habitantes.

Las historias de terror abundan. Desde la niña de 14 años encontrada descuartizada en Insurgentes y Flores Magón hasta los cuerpos mutilados colgados en el puente de Nonoalco.

Los relatos de los vecinos no dejan dudas: “Tlatelolco se perdió”.

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