Una marea marrón sin precedentes azota las costas de Quintana Roo. Autoridades, empresarios y ciudadanos libran una batalla diaria contra toneladas de sargazo, en una operación masiva que busca salvar el motor económico y ecológico del estado: sus playas.
El Caribe Mexicano enfrenta en 2025 una de sus crisis ambientales y económicas más severas: una arribazón de sargazo que, según expertos, rompe todos los récords históricos. Desde Cancún hasta Mahahual, una mancha masiva de esta macroalga amenaza no solo la belleza icónica de sus playas de arena blanca y aguas turquesas, sino también la principal fuente de ingresos de la región: el turismo.
En respuesta, el gobierno de Quintana Roo, en coordinación con la Secretaría de Marina (SEMAR) y los municipios costeros, ha desplegado la «Operación Sargazo 2025», una estrategia integral que combina tecnología, fuerza humana y una inversión económica significativa para mitigar los efectos de este fenómeno natural, exacerbado por el cambio climático.
La Magnitud del Desafío: Cifras que Alarman
Los datos oficiales revelan la escala monumental del problema. Según el último informe de la Universidad del Sur de Florida, la cantidad de sargazo detectada en el Atlántico en mayo de 2025 alcanzó los 37.5 millones de toneladas, una cifra que duplica la del récord anterior en 2018.
La SEMAR, a través de la Coordinadora de la Estrategia para la Atención al Sargazo (CEASS), ha informado que, aunque menos del 10% de esta masa llega a las costas mexicanas, la cantidad es suficiente para generar una crisis. Hasta la fecha, se han recolectado más de 266,043 toneladas desde 2019, con un esfuerzo continuo que define el día a día en la costa.
La Estrategia en el Terreno: Barreras, Barcos y Brigadas
La «Operación Sargazo 2025» se basa en un enfoque de múltiples fases, diseñado para interceptar el alga antes de que inunde las playas:
- Detección y Monitoreo: Se utiliza vigilancia satelital y marítima para predecir la trayectoria y volumen de las manchas de sargazo que se aproximan.
- Contención en el Mar: Se han desplegado 7,545 metros de barreras sargaceras en puntos estratégicos como Puerto Morelos, Playa del Carmen, Tulum y Mahahual. Estas barreras buscan desviar el alga hacia puntos de recolección en el mar.
- Recolección Marítima: Nueve buques sargaceros y embarcaciones menores operan en aguas profundas y someras, recolectando el sargazo antes de que toque la arena.
- Limpieza en Playas: Cientos de trabajadores, apoyados por maquinaria, realizan jornadas diarias de hasta 10 horas para retirar el sargazo que logra llegar a la orilla, un esfuerzo titánico que se repite cada amanecer.
«Es una batalla que libramos 24/7. No podemos bajar la guardia. La protección de nuestros ecosistemas y de la fuente de empleo de miles de familias es nuestra máxima prioridad», ha declarado la gobernadora Mara Lezama durante una supervisión de la estrategia.
Impacto Económico y Social: Más Allá de la Orilla
La crisis del sargazo trasciende lo ambiental. El mal olor que desprende al descomponerse y la alteración del paisaje afectan directamente la experiencia del turista, motor de la economía local. Hoteleros y empresarios turísticos invierten recursos significativos en la limpieza de sus frentes de playa para mantener el atractivo del destino.
El gobierno federal, a través de la SEMAR, y los gobiernos municipales, como el de Solidaridad (Playa del Carmen), destinan presupuestos millonarios para la operación. Recientemente, la presidenta municipal Estefanía Mercado destacó el retiro de más de 19,000 toneladas solo en su municipio, un ejemplo del esfuerzo local.
Además, se exploran soluciones a largo plazo. La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, anunció planes para construir una planta de tratamiento de sargazo en Quintana Roo, con el objetivo de convertir este «pasivo ambiental en un activo económico», generando biogás y otros productos.
La comunidad científica advierte que el fenómeno del sargazo masivo está aquí para quedarse, impulsado por el aumento de la temperatura del océano y el vertido de nutrientes de ríos como el Amazonas. La batalla de 2025 en Quintana Roo no es solo una limpieza de playas; es la adaptación de toda una región a una nueva realidad climática que pone a prueba su resiliencia y su futuro.
