Como saben, en esta columna uno de los temas esenciales está relacionado con la salud sexual. El pasado 4 de septiembre precisamente se conmemoró el Día Mundial de la Salud Sexual, lo que nos lleva a preguntarnos nuevamente qué es y por qué es fundamental seguir conversando y reflexionando sobre esto.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que la salud sexual es esencial para la salud y bienestar de todas las personas, parejas y familias, además indica que una sociedad que tiene una salud sexual efectiva repercute positivamente en el desarrollo social y económico de cualquier país.
Este argumento de la OMS sobre la importancia de lo que implica la salud sexual para la comunidad debe considerarse de manera seria por el hecho de que compromete al Estado sobre la importancia de garantizar a las personas, independientemente de su preferencia sexual, de género, grupo etario, raza o clase, por mencionar algunas condiciones, una vida sexual placentera que este respaldada con servicios de salud adecuados, donde las personas que acudan reciban información y orientación sobre sexualidad, sexo y cuidados dentro de un marco con conocimiento multidisciplinario y, fundamental, con perspectiva de género, para un ejercicio saludable de su sexualidad.
Por ejemplo, pensemos en el caso de los hombres adultos. Es común que en este grupo, cuando se hace referencia a su salud sexual, de manera inmediata el enfoque sea sobre su función sexual, es decir, de primer momento la salud sexual masculina se mide por una respuesta fisiológica donde el sistema nervioso, circulatorio y endocrino interactúan con la mente y, si lo hacen bien, entonces se determina que el varón tiene una salud sexual positiva.
Calificar o diagnosticar solo desde esta perspectiva la salud sexual de los hombres en edad madura trae una serie de consecuencias personales que no solamente afecta su estado fisiológico, sino también el social, pues el hecho de saberse con disfunción sexual dentro de una sociedad androcéntrica repercute en un estado emocional y de convivencia sexual con otras personas.
Ante este panorama es fundamental que la atención de la salud sexual de los varones en edad madura se fortalezca con apoyo psicológico, tomando en cuenta los prejuicios culturales masculinos para reivindicar su autoestima y facilitar con ello soluciones específicas según la persona.
En el caso de las mujeres adultas, jóvenes o adolescentes, cuando se habla de salud sexual frecuentemente se inserta el tema reproductivo, por lo que suele ser un tema de preocupación al ejercer su vida sexual, ya sea por el temor de un embarazo no planeado o contraer infecciones de transmisión sexual (ITS).
Hay mujeres que no pueden ejercer libremente sus decisiones de cuidado, como podría ser el uso de un método anticonceptivo y/o el uso del condón contra ITS, por diversas situaciones como por ejemplo estar en relaciones de control por parte de la pareja, o en el caso de las adolescentes y jóvenes tener que cuidarse para que no se enteren su tutores de que ejercen su vida sexual, o que los servicios de salud no ofrezcan en tiempo y de manera adecuada los servicios de salud sexual. Estos contextos comúnmente no son considerados dentro de los servicios de salud, por la ausencia de un enfoque multidisciplinario.
Otro tema de preocupación, que se da en algunos casos es el poco deseo sexual, o cuando se tiene alguna complicación fisiológica o la presencia de dolor durante las relaciones sexuales, lo que lleva a que las mujeres se resistan o se nieguen a tener relaciones sexuales. Estas decisiones pueden causar que la pareja reaccione de manera violenta y en ocasiones son obligadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento.
Este conjunto de preocupaciones ante la ausencia de una salud sexual adecuada está relacionada con la visión limitada de atención que ofrecen los servicios de salud sexual, es decir, mientras no exista una mirada de la salud sexual que contenga la perspectiva clínica, pero también psicológica, aunada con la mirada sociomédica, será difícil comprender la importancia de la salud sexual como parte esencial de las personas.
Además, hacer un esfuerzo por proporcionar una atención integral con una mirada multidisciplinaria puede hacer la diferencia entre una verdadera salud sexual versus una atención clínica de la salud sexual, por el hecho de que se rompe con la generalidad de la visión de lo que debe ser la salud sexual para todas y todos.
Considerar la mirada multidisciplinaria y con perspectiva de género de la salud sexual permite que las personas puedan tomar decisiones asertivas para una plena y libre vida sexual.
Lo anterior refuerza que la manera en cómo se vive la salud sexual depende de las condiciones sociales, culturales y económicas de cada persona, por lo que los deseos y necesidades sexuales son propios de cada uno, de cada una, o de cada pareja.
En ese sentido, el Estado debe garantizar las condiciones adecuadas para que cualquier hombre y mujer pueda ejercer su derecho a la salud sexual sin consecuencias, como embarazos no planeados, presencia de infecciones de transmisión sexual, prejuicios dirigidos a la “falta de virilidad” por la presencia de disfunción sexual, o “desobediencia” de las mujeres al no querer responder a las exigencias sexuales de los varones por el hecho de que ellas no sientan deseo sexual.
Como podemos ver, aún hace falta avanzar, pero es urgente seguir conversando y reflexionando sobre la salud sexual dentro y fuera de los servicios de salud.
