En la madrugada del 17 de enero de 2025, la fábrica de grasa El Oso, un emblema histórico de la Ciudad de México con más de 100 años de tradición, fue desalojada en un evento que, lejos de ser una simple disputa legal, resultó en un robo millonario que ha dejado a todos sorprendidos.
La fábrica, situada en la alcaldía Benito Juárez, es conocida por su producción de productos de alta calidad para el cuidado del calzado. Sin embargo, lo que comenzó como un desalojo debido a una deuda de más de 800 mil pesos, se convirtió rápidamente en una acusación grave de robo y fraude, dejando al descubierto la vulnerabilidad de una de las industrias más antiguas de la Ciudad de México.
El desalojo: ¿Una operación legítima o un fraude?
Según los reportes iniciales, el desalojo fue llevado a cabo por un actuario y supuestos elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) acompañados de personal de la alcaldía Benito Juárez. Sin embargo, la alcaldía pronto aclaró que no tuvo intervención en el proceso y negó que sus funcionarios estuvieran involucrados. A pesar de esta aclaración, las cámaras de seguridad de la fábrica mostraron una escena muy diferente.
Mientras el actuario cumplía con su labor legal de embargo, algunos de los involucrados comenzaron a retirar equipos valiosos de la planta, entre ellos computadoras, maquinaria y, lo más impactante, una caja fuerte con más de dos millones de pesos en efectivo. Este dinero correspondía a las ventas del mes y, según el representante legal de la empresa, los responsables de llevar a cabo el desalojo no se identificaron adecuadamente y ni siquiera portaban uniforme de la SSC. En su lugar, algunos vestían capuchas negras, lo que hace sospechar que se trataba de falsos elementos de seguridad.
Robo millonario: ¿Cómo ocurrió el atraco?
Los videos de las cámaras de seguridad han dejado claro que no solo se tomaron equipos, sino que también se sustrajeron cajas con dinero, que fueron cargadas en vehículos no identificados. Se estima que las pérdidas ascendieron a más de 20 millones de pesos, incluyendo el valor de los productos sustraídos y el dinero de la caja fuerte.
Las autoridades han abierto una investigación sobre el robo, pero las denuncias apuntan directamente hacia un grupo de aproximadamente 150 personas que fueron contratadas como cargadores para llevar a cabo el desalojo, quienes fueron captados en video mientras retiraban cajas con dinero. Entre los presentes, al menos 12 personas se identificaron como parte de la SSC, pero nuevamente, no se presentaron de manera oficial ni utilizaron la vestimenta correspondiente.
La reacción de los ciudadanos y la petición de apoyo
El desalojo y el posterior robo generaron una ola de indignación entre los ciudadanos y, en particular, en las redes sociales. La noticia de lo sucedido rápidamente se difundió, y miles de personas se unieron en una petición dirigida a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, para exigir que se brinde seguridad a la fábrica y se investiguen los hechos de manera exhaustiva.
La fábrica El Oso, además de ser un ícono de la industria en la CDMX, emplea a personas con discapacidades, lo que la convierte en una de las pocas empresas que apoya a este sector en un entorno laboral donde la inclusión es aún limitada. Es por ello que la denuncia también pide el apoyo para proteger tanto a la empresa como a sus trabajadores.
Un llamado a la justicia y la protección del patrimonio mexicano
A pesar de la creciente presión pública y el respaldo de miles de ciudadanos a través de la petición en línea, las autoridades capitalinas no han dado respuesta clara sobre las medidas de seguridad adicionales que se implementarán en la fábrica El Oso. En este contexto, la denuncia no solo se centra en el robo millonario, sino también en la necesidad de garantizar la seguridad de las empresas mexicanas ante este tipo de irregularidades.
El caso de El Oso ha puesto en evidencia las fallas en los mecanismos de protección legal y en las medidas que deben tomarse para evitar que el patrimonio de empresas con más de un siglo de historia sea objeto de saqueos y fraudes. Mientras tanto, la ciudad sigue siendo testigo de cómo una de sus fábricas más emblemáticas se enfrenta a una crisis que amenaza su existencia y la de sus trabajadores.
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