La tragedia golpeó dos veces y de forma simultánea a Tijuana.
Dos voraces incendios, uno en la colonia Terrazas del Valle y otro en El Niño, consumieron un total de 29 viviendas, dejando a decenas de familias, incluyendo niños y adultos mayores, literalmente en la calle y con la ropa que llevaban puesta.
Un domingo de terror vivieron decenas de familias en las periferias de Tijuana. Dos incendios de gran magnitud, registrados de forma casi simultánea en distintos puntos de la ciudad, arrasaron con el patrimonio y los sueños de 29 familias, exponiendo la extrema vulnerabilidad en la que viven miles de personas en los asentamientos irregulares de esta ciudad fronteriza.
La estela de destrucción es total. Las llamas, avivadas por las condiciones del terreno, no dieron tregua y consumieron todo a su paso, desde modestas viviendas de madera y lámina hasta los vehículos y las pocas pertenencias de sus habitantes.
Dos focos, una misma tragedia
Los siniestros se desataron en dos de las zonas más necesitadas de Tijuana:
- Colonia El Niño: En este asentamiento irregular, el fuego consumió 14 viviendas construidas con materiales improvisados. En medio del caos, una persona resultó lesionada por una descarga eléctrica mientras intentaba salvar algo de sus pertenencias.
- Colonia Terrazas del Valle: Aquí, la devastación fue aún mayor. Otras 15 casas fueron reducidas a cenizas. El fuego también alcanzó vehículos y animales domésticos, que no pudieron ser rescatados.
En total, más de 30 bomberos a bordo de al menos seis máquinas trabajaron durante horas para controlar y sofocar las llamas en ambos frentes, una labor titánica que evitó que la tragedia fuera aún mayor.
«No hemos tenido ningún acerco con las autoridades»
Más allá de las cifras, la verdadera dimensión de la tragedia se encuentra en las voces de los damnificados. Familias enteras, que lo perdieron absolutamente todo, ahora enfrentan la incertidumbre de la calle.
«Todo fue muy rápido. Gracias a Dios conmigo no hubo pérdidas, pero aquí en casa de mi prima, como ven, perdió todo. No se rescató absolutamente nada… Hasta el momento, con nosotros no hemos tenido ningún acerco con las autoridades. Todo lo estamos haciendo por nuestra cuenta», relató Yasmín, una residente de la zona, con la voz entrecortada, a un medio de comunicación.
Este testimonio refleja un sentimiento de abandono que agrava el dolor de la pérdida material. Mientras la comunidad se organiza para proveer agua, alimentos y cobijas, muchos sienten que la respuesta institucional es lenta o inexistente.
La precariedad como combustible
Estos incendios no son solo un desastre natural o un accidente. Son el síntoma de una profunda crisis social y de vivienda en Tijuana. Los «asentamientos irregulares» son eufemismos para describir zonas donde miles de personas viven en condiciones de extrema precariedad, en viviendas de materiales altamente inflamables, sin servicios básicos adecuados y con accesos complicados para los vehículos de emergencia.
La tragedia de Terrazas del Valle y El Niño es un espejo que refleja la otra cara de Tijuana: una ciudad de contrastes, donde el dinamismo de la industria maquiladora convive con cinturones de pobreza que son una bomba de tiempo.
Aunque el Sistema DIF Municipal ha comenzado a desplegar apoyos como despensas y kits de higiene, y existen programas gubernamentales de ayuda por incendios, para las 29 familias que hoy solo tienen cenizas, la reconstrucción de sus vidas será un camino largo y cuesta arriba.
