La brutal violencia que azota Culiacán no es aleatoria. Es el resultado de una guerra civil declarada dentro del Cártel de Sinaloa, una fractura expuesta entre la «vieja guardia» de Ismael «El Mayo» Zambada y la nueva generación de los hijos de «El Chapo» Guzmán, detonada por una traición imperdonable.
El Cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más poderosas y longevas del mundo, se desangra desde dentro. La paz mafiosa que durante años mantuvo a Culiacán como su bastión relativamente estable ha terminado. Hoy, la ciudad es el campo de batalla de una guerra de sucesión violenta y despiadada entre dos facciones que luchan por el trono del imperio criminal.
Los Bandos: La Vieja Guardia vs. los Herederos
La lucha por el alma del cártel se libra entre dos grupos con estilos y linajes distintos:
«La Mayiza»: La facción leal a Ismael «El Mayo» Zambada, el legendario y discreto cofundador del cártel. Representan a la vieja escuela, un enfoque más «empresarial» del narcotráfico, basado en alianzas y control discreto.
«Los Chapitos»: Liderados por los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán (Iván Archivaldo, Jesús Alfredo, Ovidio y Joaquín). Representan una nueva generación más impulsiva, ostentosa y propensa a la violencia extrema para demostrar su poder.
La Traición: El Punto de Quiebre
El conflicto latente explotó en septiembre del año pasado con un acto que rompió todos los códigos internos del hampa. Según informes de inteligencia, un hijo de «El Chapo» orquestó el secuestro de un líder de la facción rival y, en un acto de traición máxima, lo entregó directamente a las autoridades de Estados Unidos, transportándolo en un avión privado.
Este movimiento fue una declaración de guerra total. Significó el fin de las viejas alianzas y el comienzo de una purga interna para aniquilar a la facción contraria. La violencia que vemos hoy, con decapitaciones y cuerpos colgados en público, es la consecuencia directa de esa ruptura. No buscan solo ganar territorio, buscan exterminar al enemigo y borrar el antiguo orden de poder.
Guerra Híbrida: Balas, Terror y Redes Sociales
Esta no es una guerra convencional. Las facciones han adoptado tácticas de insurgencia para luchar por el control:
- Terror Psicológico: Los actos de barbarie, como los cuerpos colgados en puentes, son operaciones psicológicas calculadas. Su objetivo es aterrorizar no solo a sus rivales, sino también a la población y al propio gobierno, demostrando que ellos dictan las reglas.
- Control Territorial: La presencia de sicarios enmascarados patrullando las calles de Culiacán es un desafío directo al monopolio de la violencia del Estado. Actúan como una autoridad de facto, impartiendo su propia «justicia».
- Propaganda Digital: Los cárteles han convertido las redes sociales en un frente de guerra. Usan plataformas como TikTok, Facebook y Telegram para glorificar su estilo de vida, amenazar a periodistas y rivales, reclutar jóvenes y difundir su propaganda, a menudo usando emojis y lenguaje en clave para evadir la censura.
«La gente en el estado dice que las autoridades han perdido el control de los niveles de violencia», señala un reporte de Associated Press, reflejando el sentir de una ciudadanía atrapada en el fuego cruzado.
La caída de la «Pax Sinaloa» ha dado paso a una era de violencia más impredecible y brutal. El Estado mexicano no se enfrenta simplemente a criminales que buscan ganancias; se enfrenta a actores no estatales que utilizan tácticas de insurgencia para disputarle el control del territorio y de la narrativa. La batalla por Culiacán es, en realidad, una batalla por el futuro del crimen organizado en México.
