La masacre de El Paraíso: violencia y poder del CJNG en Michoacán

El Barbas, líder criminal en Zitácuaro, desata terror en Michoacán entre traiciones, asesinatos y la creciente influencia del Cártel Jalisco Nueva Generación.

El inicio de una tragedia

La noche de la masacre en El Paraíso quedó grabada como una de las peores tragedias en Michoacán. La sangre derramada en un palenque de gallos expuso el crudo enfrentamiento entre dos de los cárteles más peligrosos del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la Familia Michoacana. En el centro de esta lucha se encuentra William Edwin Rivera Padilla, alias “El Barbas”.

El ascenso de El Barbas

De la Familia Michoacana al CJNG
El Barbas, antes leal a la Familia Michoacana, se convirtió en jefe de plaza tras la caída de Pablo Magaña Serrato, alias “La Morsa”. Sin embargo, su ambición lo llevó a traicionar a sus antiguos aliados y unirse al CJNG, consolidando su control en Zinapécuaro y Zitácuaro.

Traiciones y poder

La traición a la Familia Michoacana desencadenó una guerra interna. El ataque en El Paraíso fue una emboscada directa contra El Barbas, pero este logró escapar, demostrando su capacidad para sortear incluso los intentos más letales.

Zitácuaro, un territorio bajo fuego

El control absoluto del CJNG
Fuentes de inteligencia señalan que El Barbas tiene el control total de Zitácuaro, un municipio marcado por la complicidad entre el crimen organizado y las autoridades locales. El actual presidente municipal, Antonio Ixtlahuac Orihuela, ha sido señalado por su relación con el cártel, una sombra que lo persigue desde su detención en el famoso «Michoacanazo» de 2009.

El atentado que lo cambió todo

El 17 de enero, Zitácuaro se convirtió en un campo de batalla. Un operativo militar para capturar a El Barbas desató enfrentamientos y bloqueos. Los niños quedaron atrapados en sus escuelas, los negocios cerraron sus puertas, y el miedo se apoderó de la población.

Complicidad y corrupción

El papel de las autoridades
El Barbas no solo domina por la fuerza, sino también por su capacidad de infiltrar instituciones. La filtración de una conversación entre él y el comisario Conrado Corral Leyva reveló acuerdos turbios entre criminales y funcionarios.

Mensajes de terror

Los cadáveres dejados con narcomensajes son un recordatorio constante de la violencia que reina en la región. “Estos muertos son por ti, Conrado”, decía uno de ellos, atribuido a El Barbas, en respuesta a una supuesta traición.

Escalada de violencia en Michoacán

Un estado bajo asedio
La masacre en El Paraíso y los enfrentamientos en Zitácuaro son solo ejemplos de una problemática mayor. Michoacán enfrenta una crisis de seguridad en la que los cárteles no solo luchan entre sí, sino también por mantener el control político y social.

El efecto en la población

  • Bloqueos y negocios cerrados: La economía local sufre los estragos de la violencia.
  • Niñez en riesgo: Más de 1,500 niños quedaron atrapados en escuelas durante los enfrentamientos.

El Barbas, un enemigo difícil de atrapar

Un líder que se escapa una y otra vez
A pesar de los operativos de las fuerzas armadas, El Barbas sigue evadiendo la justicia. Su capacidad para movilizar a sus sicarios y su conocimiento del territorio lo convierten en un blanco difícil.

El mensaje tras su huida

La fuga de El Barbas en El Paraíso y Zitácuaro envía un mensaje claro: el CJNG no está dispuesto a ceder terreno.

¿Qué sigue para Michoacán?

La violencia en Michoacán no solo es un síntoma de la guerra entre cárteles, sino también de una corrupción profundamente arraigada. Mientras figuras como El Barbas sigan actuando con impunidad, la región continuará sufriendo los estragos de un sistema debilitado por el crimen organizado.

La lucha por Zitácuaro y otros territorios muestra que la verdadera batalla no solo es contra los cárteles, sino también por restaurar la confianza en las instituciones.

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