“La ciudad no es solo nuestra”: la visión disruptiva de Carlos Antonio Mimenza Novelo sobre animales y suelo

“La ciudad no es solo nuestra”: la visión disruptiva de Carlos Antonio Mimenza Novelo sobre animales y suelo
“La ciudad no es solo nuestra”: la visión disruptiva de Carlos Antonio Mimenza Novelo sobre animales y suelo

Un turista contempla el mar turquesa, un inversionista despliega planos sobre la mesa, y en medio de ambos escenarios un mono araña avanza con dificultad entre los restos de lo que ayer fue selva. Esa tensión entre progreso y naturaleza es la que el empresario quintanarroense Carlos Antonio Mimenza Novelo coloca en el centro del debate sobre el crecimiento urbano en la Riviera Maya: ¿cómo construir ciudades sin borrar las huellas de quienes no hablan, pero también habitan el mismo territorio?

El planteamiento surge de la experiencia práctica de Mimenza Novelo como fundador del Santuario de los Monos en Akumal, espacio que recibe animales víctimas de accidentes y tráfico ilegal. Allí han llegado desde jaguares atropellados hasta pelícanos atrapados en residuos plásticos. En sus palabras, “la experiencia como propietario y fundador del santuario de los monos y animales rescatados me ha llevado a tener una sensibilidad de la importancia de la fauna y nuestra responsabilidad como seres humanos en preservar un equilibrio ecológico”.

¿Qué plantea Carlos Antonio Mimenza Novelo frente al tráfico ilegal de especies?

El tráfico ilegal de especies sigue siendo uno de los principales enemigos de la biodiversidad en México. De acuerdo con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), hace aproximadamente 2 años, se aseguraron más de 2,600 ejemplares silvestres en distintos operativos. Para Carlos Antonio Mimenza Novelo, la magnitud del problema se vuelve evidente cuando se recibe a un mono araña encadenado o a un jaguar rescatado de un intento de comercialización clandestina. Son escenas que trasladan el tema de la ilegalidad al plano de las consecuencias visibles en cada animal.

Los rescates, sin embargo, no terminan en las puertas del santuario. Rehabilitar especies heridas exige infraestructura, conocimiento veterinario y tiempo. Mimenza ha señalado en diversas ocasiones que “curar, rehabilitar y liberar” es el ciclo más complejo de sostener, porque implica reconstruir las condiciones mínimas de vida de un animal y, al mismo tiempo, garantizar que el entorno al que volverá no haya sido destruido por la expansión inmobiliaria. En este punto, la responsabilidad humana se multiplica: no basta con atender al individuo, se requiere asegurar un hábitat disponible.

Entre las especies de la región, dos concentran la atención de expertos y ambientalistas: el jaguar y el mono araña. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estima que en México sobreviven unos 4,800 jaguares, con un hábitat que ha perdido casi 40 % de su extensión original. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por su parte, advierte que la fragmentación de los bosques tropicales ha reducido los corredores naturales de los monos araña, colocándolos en una situación crítica. El empresario quintanarroense suele recordar que ambos animales son “símbolos de la Riviera Maya y, al mismo tiempo, sus habitantes más vulnerables”.

Equilibrio entre progreso y medio ambiente: una ruta posible

La visión ambiental de Carlos Antonio Mimenza Novelo se traduce en decisiones de planeación urbana. Su planteamiento central es claro: “la ciudad no es una burbuja humana, sino parte de un ecosistema más amplio”. En consecuencia, la traza de proyectos inmobiliarios debe incorporar corredores ecológicos, conectividad de hábitats, pasos de fauna y gestión responsable del agua.

Los estudios de impacto ambiental son la herramienta clave en este esquema. Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), más del 60 % de los proyectos inmobiliarios revisados en México requiere ajustes para disminuir afectaciones a la biodiversidad. Carlos Mimenza insiste en que estos diagnósticos deben realizarse antes del diseño arquitectónico, no después, para evitar que las modificaciones se conviertan en simples remedios parciales. Anticiparse significa ubicar con claridad qué zonas deben mantenerse intactas y cuáles pueden recibir infraestructura sin alterar corredores críticos.

En este marco, las medidas de mitigación han incluido reforestación, creación de humedales artificiales y monitoreo ambiental constante. Este último elemento resulta esencial: no basta con implementar un paso de fauna o plantar árboles si no existe un seguimiento que mida su efectividad. Organismos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) han destacado la importancia de este monitoreo como parte de la gestión adaptativa de los ecosistemas.

Educación ambiental: un eje fundamental en la propuesta de Carlos Antonio Mimenza Novelo

 Un segundo frente en la visión de Carlos Antonio Mimenza Novelo es la educación ambiental. Los encuentros entre personas y fauna silvestre son frecuentes en Playa del Carmen y sus alrededores. Mapaches en basureros, venados en terrenos baldíos o jaguares en carreteras ilustran una convivencia marcada por la tensión. Para reducir conflictos, se requieren campañas de información dirigidas no solo a turistas, sino también a trabajadores de la construcción y comunidades locales. El objetivo es construir una cultura de respeto que acompañe las medidas de infraestructura.

Este debate se inserta en un problema mayor: el uso del suelo en México. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que alrededor del 16 % del territorio nacional presenta algún grado de degradación severa asociada a actividades agrícolas, urbanas o industriales. La Riviera Maya se convierte en un espejo de esa realidad, donde la presión del turismo y la urbanización convive con ecosistemas de alto valor biológico. La pregunta no es si habrá desarrollo, sino bajo qué condiciones podrá sostenerse sin borrar los rasgos que le dan identidad.

El turismo, motor económico de Quintana Roo, introduce además una dimensión clave en esta discusión: la relación entre desarrollo y conservación. La viabilidad de esa industria depende tanto de la infraestructura como de la permanencia de los ecosistemas que la sostienen. Selvas, playas y fauna emblemática constituyen la esencia del destino y, al mismo tiempo, el soporte de hoteles, aeropuertos y servicios. La conservación, en este escenario, se presenta como fundamento de cualquier estrategia de sostenibilidad a largo plazo.

La discusión sobre desarrollo urbano y fauna trasciende los rescates puntuales o los diagnósticos técnicos. Se perfila un modelo integral en el que se combinan la rehabilitación de especies, la planificación territorial responsable y la construcción de una cultura de respeto hacia el entorno. Todos estos componentes se entrelazan para dejar un mensaje central: el crecimiento urbano adquiere verdadero sentido cuando se concibe como parte de un ecosistema compartido. Ignorar esa relación equivale a levantar ciudades sobre bases frágiles y efímeras.

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