La madrugada de este lunes, una joven pareja de 15 y 26 años perdió la vida luego de que un deslave de cerro cayera sobre su vivienda en la comunidad indígena de Otatiste, municipio de Tepic, Nayarit. El hecho conmocionó a los habitantes de esta pequeña localidad, donde no viven más de 30 familias, y volvió a poner en evidencia los riesgos de habitar en zonas vulnerables durante la temporada de lluvias.
El deslave que arrebató dos vidas
Según el reporte de las autoridades, el deslave ocurrió durante la madrugada tras varias horas de lluvias intensas acompañadas de fuertes vientos, lo que aflojó la tierra del cerro donde la pareja vivía. La vivienda, ubicada en las faldas de la ladera, quedó completamente sepultada, sin que los jóvenes lograran salir a tiempo.
Familiares y vecinos se movilizaron de inmediato para intentar rescatarlos, pero los esfuerzos resultaron inútiles debido al peso de la tierra y las piedras. La tragedia refleja cómo, en comunidades rurales, las emergencias naturales suelen encontrar a las familias sin los recursos suficientes para enfrentar situaciones de este tipo.
Dificultades para acceder a la comunidad
El primer reporte a las autoridades se realizó alrededor de las 4 de la madrugada, sin embargo, los equipos de rescate tardaron en llegar debido a las condiciones del terreno. Los arroyos que rodean a Otatiste se encontraban crecidos por la lluvia, lo que hizo imposible el ingreso inmediato de los cuerpos de emergencia.
Fue hasta horas más tarde que elementos del municipio de Tepic lograron ingresar, tras encontrar una vía segura para cruzar los afluentes. Una vez en la zona, acordonaron el área del deslave y comenzaron los trabajos para la recuperación de los cuerpos, en espera también del arribo del Servicio Médico Forense (Semefo).
Una comunidad aislada y en riesgo
La comunidad de Otatiste se encuentra asentada en el cauce de un río que desde hace muchos años no había presentado crecimientos importantes. Sin embargo, el actual temporal de lluvias ha sido especialmente intenso, provocando que el río retomara su antiguo cauce e inundara varias viviendas.
Los habitantes de la localidad han señalado que, en esta ocasión, las precipitaciones han sido inusuales y superan lo vivido en temporadas anteriores. Esto ha generado mayor vulnerabilidad, ya que muchas casas se encuentran cerca de las laderas y no cuentan con estructuras seguras frente a fenómenos como deslaves o inundaciones.
Impacto emocional en la comunidad
La muerte de la joven pareja ha generado una profunda tristeza en los pobladores. Vecinos y familiares lamentan no haber podido salvarlos, pese a los esfuerzos desesperados durante la madrugada. En comunidades pequeñas como Otatiste, donde todos se conocen, las pérdidas humanas tienen un impacto emocional mayor y dejan cicatrices difíciles de sanar.
Además de la tragedia, persiste la preocupación por la seguridad de las demás familias. Varias viviendas presentan daños por la creciente del río y la tierra reblandecida en las laderas amenaza con provocar nuevos deslaves si continúan las lluvias en la región.
Respuesta de las autoridades
El gobierno municipal de Tepic informó que ya se implementaron operativos de atención y vigilancia en Otatiste. Se acordonó el área del deslave y se trabaja en conjunto con Protección Civil para evaluar riesgos adicionales.
Por su parte, se espera que el Servicio Médico Forense realice el levantamiento de los cuerpos en las próximas horas, mientras las autoridades estatales analizan medidas de apoyo a los familiares afectados. No obstante, los pobladores señalan que se necesita más que una respuesta inmediata: reclaman acciones de prevención para evitar que estas tragedias se repitan.
Los riesgos de vivir en zonas vulnerables
El caso de Otatiste pone de relieve los peligros de vivir en zonas propensas a deslaves e inundaciones. En muchas comunidades rurales, la falta de infraestructura adecuada y la precariedad de las viviendas hacen que las familias estén expuestas a desastres naturales cada temporada de lluvias.
Expertos han advertido que el cambio climático intensifica los fenómenos meteorológicos, lo que aumenta la frecuencia de lluvias torrenciales y, por ende, de deslaves en zonas montañosas. Ante ello, es indispensable que las autoridades impulsen planes de reubicación y prevención para proteger a las comunidades indígenas y rurales.
La muerte de esta joven pareja en Otatiste, Nayarit, no solo es una tragedia familiar y comunitaria, sino también un llamado de atención sobre la necesidad de reforzar la prevención ante desastres naturales. Las lluvias seguirán siendo un riesgo cada año, pero lo que no debería repetirse es la vulnerabilidad de las familias que viven a las faldas de cerros o en el cauce de ríos.
El dolor que hoy vive esta pequeña comunidad debe convertirse en una lección para avanzar en políticas de protección, infraestructura segura y acompañamiento a quienes, con pocos recursos, enfrentan la furia de la naturaleza.
