
En medio de la tormenta por las amenazas de aranceles generales, un sector clave de la economía de Nuevo León, el ganadero, mantiene una cautelosa esperanza: que Estados Unidos finalmente levante las restricciones sanitarias impuestas en 2024 y reabra la frontera a la exportación de su ganado para finales de este año.
Mientras la atención nacional se centra en la amenaza de un arancel del 30%, la economía regional de Nuevo León libra su propia batalla comercial, una que se pelea no en los titulares de la política, sino en los pasillos de las regulaciones sanitarias. Los ganaderos del estado han expresado un «optimismo vaticinado» de que la frontera con Estados Unidos, su principal mercado, podría reabrirse a sus exportaciones de ganado para finales de 2025.
Esta esperanza surge después de un período difícil para el sector. En 2024, las autoridades sanitarias de Estados Unidos revocaron el estatus sanitario de la región, una medida que, en la práctica, funcionó como una barrera no arancelaria, cerrando de golpe el acceso al mercado más lucrativo para los productores de Nuevo León y causando un severo impacto económico.
La Presión Silenciosa: Barreras No Arancelarias
La situación de los ganaderos de Nuevo León es un claro ejemplo de cómo la presión económica puede ejercerse a través de canales menos visibles que los aranceles. Las barreras no arancelarias, como las certificaciones y regulaciones sanitarias o fitosanitarias, son herramientas igualmente potentes que pueden paralizar industrias enteras.
A diferencia de un arancel, que es una medida política explícita, una decisión sanitaria se ampara en argumentos técnicos y científicos, lo que la hace más difícil de combatir diplomáticamente. Para los ganaderos de Nuevo León, el resultado ha sido el mismo: la pérdida de su principal fuente de ingresos y la necesidad de invertir en mejoras para recuperar la confianza de las autoridades estadounidenses.
Este tema resuena con otras acciones recientes, como la decisión de EE. UU. de volver a cerrar la frontera al ganado por un brote de «gusano barrenador», una medida que la propia presidenta Claudia Sheinbaum calificó de «exagerada» , demostrando que estas herramientas regulatorias son una fuente constante de tensión bilateral.
Un Futuro Incierto pero Esperanzador
La cautela de los productores es comprensible. La decisión final recae exclusivamente en el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y depende de que se cumplan todos los requisitos técnicos. Sin embargo, el hecho de que exista un diálogo y una perspectiva de reapertura es una señal positiva para una industria que ha estado bajo una presión considerable.
La posible reapertura de la frontera para el ganado de Nuevo León sería un impulso vital para la economía del estado y un alivio para miles de familias que dependen de esta actividad. Mientras tanto, su caso sirve como un recordatorio de que en el complejo tablero del comercio internacional, las batallas más importantes no siempre son las que acaparan los titulares.