La Ciudad de México se prepara para la fiebre del Mundial de Futbol 2026, un evento que promete una derrama económica de miles de millones, pero que ya enciende las alarmas por la escalada de precios en vivienda y hospedaje, amenazando con agudizar la gentrificación.
La cuenta regresiva para la Copa del Mundo 2026 ha comenzado, y la Ciudad de México, como una de las sedes principales, se prepara para recibir un tsunami de turistas y una inyección económica sin precedentes. Las proyecciones oficiales hablan de una derrama nacional de más de 60 mil millones de pesos y la llegada de 5.5 millones de visitantes. Sin embargo, detrás de las cifras optimistas, emerge una realidad preocupante: el megaevento deportivo podría ser el catalizador de una crisis de asequibilidad que termine por «expulsar» a los propios habitantes de la capital.
El gobierno de la ciudad ya trabaja en preparativos como la instalación de nueva luminaria, la organización de torneos y los «fan fest» para recibir a los aficionados. Pero el mercado, como siempre, se adelanta. Un indicador clave ya revela la presión que se avecina: análisis del sector turístico señalan que hospedarse en un Airbnb en la CDMX durante el Mundial costará significativamente más que en las otras ciudades sede mexicanas, Monterrey y Guadalajara.
La Doble Cara del Boom: Gentrificación Acelerada
Este dato sobre los precios de Airbnb no es una anécdota, es el síntoma de un fenómeno mucho más profundo: la «turistificación» y la gentrificación acelerada. El Mundial está creando un incentivo masivo para que los propietarios de inmuebles saquen sus propiedades del mercado de renta a largo plazo para convertirlas en lucrativas unidades de renta a corto plazo para turistas.
Este proceso tiene dos consecuencias directas:
- Reduce la oferta de vivienda para los residentes permanentes.
- Dispara los precios de las rentas en toda la ciudad, no solo en las zonas turísticas.
El resultado es un escenario de doble filo. Por un lado, los beneficios económicos del Mundial probablemente se concentrarán en manos de grandes cadenas hoteleras, plataformas como Airbnb y propietarios de inmuebles. Por otro, el costo social —inflación, escasez de vivienda y un aumento general del costo de vida— será asumido por los residentes locales, especialmente los inquilinos y las familias de ingresos medios y bajos.
El Dilema Político: ¿Ciudad para Turistas o para Habitantes?
Este panorama plantea un desafío político fundamental para el gobierno de la Ciudad de México. ¿Cómo se pueden capitalizar los innegables beneficios económicos de ser anfitrión de un evento de talla mundial sin sacrificar la calidad de vida y el derecho a la vivienda de sus propios ciudadanos?
La tensión entre promover a la CDMX como una potencia turística global y proteger a su población local de los efectos adversos del mercado se convertirá en uno de los debates más importantes de los próximos años. La pregunta que queda en el aire es qué medidas regulatorias, si es que hay alguna, se implementarán para mitigar el impacto, como límites a las rentas de corta estancia o apoyos para los inquilinos.
Sin una estrategia clara para equilibrar la balanza, la fiesta del futbol para millones de visitantes podría convertirse en una amarga resaca de desplazamiento y desigualdad para los habitantes que llaman a esta ciudad su hogar.
