Familiares exigen a Sheinbaum acción real en caso Ayotzinapa

Familiares Piden resultados firmes y avances verificables en la investigación de los 43 normalistas desaparecidos

Familiares exigen a Sheinbaum acción real en caso Ayotzinapa
Familiares Reclaman verdad y avances reales en Ayotzinapa

familiares se reunieron nuevamente frente al Hemiciclo a Juárez con una determinación que, pese al paso del tiempo, no se quiebra. Las voces de las madres y padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa resuenan con la fuerza de quienes han caminado más de once años en búsqueda de verdad, justicia y un mínimo de certeza que calme una herida abierta. Estos han aprendido a sostenerse entre sí, a convertirse en una sola fuerza que presiona, exige y lucha contra el olvido. Y en esta víspera de su reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum, elevan un mensaje que no admite titubeos: la voluntad política debe materializarse en resultados.

La 134 marcha global por Ayotzinapa fue un recordatorio poderoso del dolor acumulado. Sin embargo, para los familiares, este dolor no es sinónimo de resignación. Cada paso en la protesta reafirmó que su esperanza no se extingue. Y mientras avanzaban, muchos repetían la palabra que ha marcado su vida: justicia. Los familiares pensaban también en todas las veces que han sido llamados a reuniones que no dejaron más que incertidumbre.

No es una historia de pasado

En su mensaje, estos familiares insistieron que la desaparición de los estudiantes no es una historia del pasado. Es una herida viva que atraviesa once años de silencio institucional, fallas, omisiones y versiones inconclusas. Por eso, los familiares se aferran a cada documento, cada peritaje pendiente, cada hilo suelto que pueda conducir a un rastro.

Emiliano Navarrete, padre del normalista José Ángel, tomó el micrófono con la voz quebrada pero firme. Recordó a los presentes que los familiares no han recibido información relevante desde su último encuentro con la mandataria federal en septiembre. No buscan discursos, buscan hechos. Las palabras, decía, no devuelven a un hijo ni aclaran un paradero. Los familiares solo quieren una verdad que cuaje en algo concreto.

Exigencia de verdad frente a una década de incertidumbre

El equipo legal que acompaña a los padres insistió que los análisis científicos comprometidos deben presentarse ya. No piden favores, piden que se cumpla la ley y que se continúen las líneas de investigación que han sido marcadas por expertos. Consideran que, después de tanto tiempo, los familiares merecen procesos ágiles, reales y verificables.

Los abogados también señalaron que existen líneas de investigación prioritarias que no deben quedar relegadas. Para los familiares, estas líneas representan una pieza fundamental del rompecabezas que podría reconstruir la última ruta de los estudiantes. En su narrativa insistieron una y otra vez: sin verdad no puede haber justicia.

La esperanza puesta en la reunión con la presidenta

La reunión con la presidenta Sheinbaum será crucial. Los familiares lo saben y lo sienten. Será la sexta vez que se sientan frente a una figura federal de primer nivel en este nuevo gobierno. Once años de lucha han enseñado a los familiares a no esperar promesas mágicas, pero sí a exigir compromisos formales y mecanismos de seguimiento.

Su objetivo es claro: no permitir que el caso Ayotzinapa se archive en los cajones del olvido institucional. Los familiares temen que las investigaciones se administren sin una ruta clara, dilatando procesos y desgastando a quienes buscan justicia. Sienten que el tiempo no está de su lado. Los años pasan, las fuerzas se agotan, pero la determinación sigue intacta.

El peso del tiempo sobre las familias

Las historias que cuentan los familiares se repiten en cada aniversario. Hablan de cansancio, de desgaste físico y emocional, de travesías de madrugada para llegar a la Ciudad de México a protestar. Sin embargo, confiesan que el amor por sus hijos desaparecidos les impide detenerse.

Muchos de los familiares han perdido salud, descanso y estabilidad económica. Otros han perdido la vida sin haber logrado conocer la verdad. Cada ausencia, cada silla vacía en las reuniones, es un recordatorio doloroso de lo que significa luchar tantos años contra un aparato estatal lento y complejo.

La urgencia de avanzar en las líneas de investigación pendientes

Uno de los puntos más insistentes de los familiares es la necesidad de retomar las líneas de investigación relacionadas con las llamadas telefónicas interceptadas al Ejército, así como los más de 800 folios bajo resguardo militar que podrían contener datos claves. Para los familiares, estos documentos no son simples papeles; son posibles puertas hacia la verdad.

Señalan que ninguna autoridad debería desechar pistas sin analizarlas profundamente. Cada pieza podría revelar la ubicación del grupo de estudiantes, la transferencia entre autoridades locales, o incluso la participación de otros actores. Los familiares ven en esos folios una posibilidad que no puede seguir siendo ignorada.

Una lucha que ha marcado a una generación completa

La lucha de los familiares ya no es solo personal. Se ha convertido en un movimiento emblemático en México y en el mundo. Su perseverancia ha sido estudiada, reconocida y acompañada por organizaciones internacionales. Los familiares no solo buscan a sus propios hijos; buscan prevenir que otras familias vivan el mismo horror.

En cada marcha, jóvenes estudiantes se suman para recordar que Ayotzinapa no es un caso aislado. Para los familiares, esto es un bálsamo: ver que su lucha inspira a otras generaciones les recuerda que su dolor ha trascendido y que su exigencia no caerá en el vacío.

Lo que esperan después de la reunión

Los familiares esperan, al menos, tres compromisos claros: presentación de avances científicos, reactivación de las líneas de investigación y un calendario formal de seguimiento con entregables verificables. Su confianza no es ciega; es una confianza condicionada al cumplimiento.

Y mientras se acercan las horas para el encuentro, los familiares preparan documentos, exigencias y preguntas. Saben que no pueden dejar nada fuera. Cada minuto cuenta, cada palabra importa y cada avance, por pequeño que sea, puede ser decisivo.

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