El inicio del ciclo escolar 2025-2026 en Tapachula, Chiapas, no fue un día cualquiera. Más de un centenar de niños migrantes de distintos países llegaron con mochilas improvisadas, cuadernos donados y mucha ilusión para comenzar clases en preescolar, primaria y secundaria.
El proyecto forma parte del Programa de Educación Migrante, impulsado en la frontera sur de México para garantizar que menores en situación de movilidad puedan acceder a la educación pública.
Diversidad en las aulas: estudiantes de 7 países
Los nuevos alumnos provienen de Cuba, Haití, Venezuela, Honduras, El Salvador, Guatemala e incluso Sudáfrica. Aunque sus historias de viaje son diferentes, comparten el mismo objetivo: encontrar estabilidad y un futuro a través de la educación.
Retos educativos: idioma, materiales y adaptación
Uno de los principales desafíos es el idioma. Algunos niños no hablan español y requieren apoyo especial. Aun así, los docentes buscan soluciones creativas para que nadie quede atrás.
Estrategias inclusivas y apoyo tecnológico
Entre las dinámicas, compañeros bilingües actúan como traductores y, en casos más complejos, se emplean herramientas tecnológicas para facilitar la comunicación. Con la alta demanda de estudiantes, la escuela adoptó un sistema de clases por grupos y horarios alternados.
La comunidad escolar como red de respaldo
El maestro Pablo Arriaga Velázquez explicó que la organización por grados y horarios garantiza espacios adecuados de aprendizaje. Además, cuando algún alumno llega sin materiales, recibe el respaldo de maestros y familias solidarias.
Madres migrantes agradecen la oportunidad educativa
Para madres como Diansi Romero, la escuela representa mucho más que clases. Significa la posibilidad de que sus hijos se integren, mientras ellas buscan empleo y se adaptan a la vida en Tapachula.
A pesar de las dificultades del camino, las familias migrantes ven en la escuela un primer paso hacia la estabilidad y la esperanza de construir un futuro en México.
