
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vivió una nueva jornada de tensión después del mediodía, cuando un grupo de aproximadamente 50 jóvenes encapuchados marchó desde los conocidos “Bigotes” en Ciudad Universitaria hacia el edificio de Rectoría, realizando pintas en diversas instalaciones.
Aunque los encapuchados alzaron consignas y dejaron su huella en muros universitarios, la movilización no generó eco entre los alumnos que transitaban por la zona. La mayoría optó por mantener distancia y, en algunos casos, grabar videos o tomar fotografías a lo lejos, recibiendo respuestas agresivas por parte de los manifestantes.
Instalaciones vandalizadas durante la marcha
De acuerdo con reportes, los encapuchados realizaron pintas en las entradas principales de la Facultad de Ciencias, Contaduría y Administración, así como en la Dirección General del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH).
Las pintas incluyeron mensajes contra las autoridades universitarias y en apoyo a distintas causas, lo que generó molestia entre estudiantes y académicos que rechazan este tipo de expresiones violentas dentro de los espacios universitarios.
Además, se prevé que el grupo llegue a Rectoría con la intención de continuar las pintas y, según fuentes universitarias, incluso intentar romper cristales del edificio administrativo.
Reacciones de la comunidad universitaria
La presencia de los encapuchados provocó una reacción de cautela entre los estudiantes que circulaban por los pasillos y explanadas de Ciudad Universitaria. Muchos prefirieron alejarse de la ruta de la marcha, mientras que otros documentaron lo ocurrido con sus teléfonos móviles.
Sin embargo, la respuesta de los encapuchados hacia quienes intentaban grabar fue agresiva. Testigos relataron que al ser filmados o fotografiados, algunos respondieron con insultos como “No me grabes, culero”, lo que incrementó el clima de tensión.
Otro contingente marcha desde La Bombilla
Paralelamente, otro grupo de manifestantes partió del parque de La Bombilla rumbo a Rectoría. Este contingente, integrado también por estudiantes y ex alumnos, expresó demandas como la instalación de comedores subsidiados, la exigencia de una reforma universitaria integral y el alto al genocidio en Gaza.
Asimismo, señalaron que la protesta busca recordar a los estudiantes agredidos por “porros” hace siete años, un episodio que sigue siendo motivo de indignación entre sectores de la comunidad universitaria.
Ante el avance de ambas movilizaciones, el personal administrativo de Rectoría decidió retirarse del edificio de gobierno, como medida preventiva.
Grupo “Rabia Social”, detrás de la protesta
De acuerdo con fuentes universitarias, la manifestación habría sido organizada por el grupo autodenominado “Rabia Social”, que utiliza como argumento la conmemoración de los hechos violentos ocurridos hace siete años para justificar actos vandálicos en instalaciones universitarias.
Entre los participantes, se encuentran ex alumnos expulsados de la UNAM y estudiantes identificados por las autoridades como generadores de violencia.
En particular, se señala a Emmanuel Ruiz Escamilla, de la Facultad de Economía, y a Brisa Marisol Hernández Granados, alumna de la Facultad de Artes y Diseño, quienes —según versiones oficiales— ya han sido denunciados ante la Fiscalía General de la República (FGR) por su presunta participación en actos violentos dentro de Ciudad Universitaria.
Medidas de seguridad en Rectoría
Ante la expectativa de que los encapuchados llegaran a Rectoría, el personal de seguridad de la UNAM procedió a cerrar por completo los accesos al edificio. Esta medida busca evitar daños mayores y proteger tanto a trabajadores como a estudiantes que transitan cerca de la zona.
La estrategia de resguardo incluye también la vigilancia en puntos estratégicos de Ciudad Universitaria, donde se han reforzado las medidas para impedir nuevos actos de vandalismo.
Contexto de las protestas en la UNAM
Las movilizaciones de grupos encapuchados no son nuevas dentro de la UNAM. A lo largo de los últimos años, han surgido distintos colectivos que denuncian falta de atención a problemas estudiantiles, aunque en numerosas ocasiones sus métodos han sido cuestionados debido a los daños a instalaciones y la violencia contra terceros.
Si bien estas manifestaciones suelen estar acompañadas de demandas legítimas, también se han convertido en un foco de tensión entre las autoridades universitarias y la comunidad académica, que en su mayoría rechaza el uso de la violencia como medio de presión.
La marcha de encapuchados hacia Rectoría volvió a poner en evidencia las divisiones internas dentro de la UNAM y la forma en que ciertos grupos buscan visibilizar sus exigencias a través de pintas y actos vandálicos.
Mientras las autoridades refuerzan la seguridad y cierran accesos para evitar mayores daños, la comunidad universitaria mantiene posturas encontradas: por un lado, la defensa de la libre manifestación; por el otro, el rechazo a acciones que afectan el patrimonio y la vida académica.
El reto para la máxima casa de estudios será encontrar un equilibrio entre garantizar la libertad de expresión y proteger sus espacios de quienes, bajo el anonimato de una capucha, apuestan por la confrontación y la violencia.