En México, el embarazo durante la adolescencia sigue siendo uno de los principales retos para la salud pública y la educación. Sin embargo, cifras oficiales recientes muestran una reducción constante en la última década, particularmente en algunos estados de la península de Yucatán.
De acuerdo con el INEGI, el porcentaje de nacimientos de madres menores de 20 años pasó de 17% en 2019 a 14.8% en 2023, lo que significa que, de cada 100 partos registrados en el país, casi 15 corresponden a adolescentes.
En la península, Quintana Roo destaca como uno de los estados con mayor reducción registrada durante este periodo. En 2019, el 15% de los nacimientos correspondía a madres adolescentes, pero en 2023 la proporción cayó a 12.9%, una de las cifras más bajas del país.
Este dato se suma a la tasa de fecundidad adolescente de 39.1 nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años, lo que coloca a la entidad caribeña al nivel de la Ciudad de México, Baja California Sur y Querétaro, estados que históricamente han tenido menos embarazos tempranos.
En términos sencillos, si se comparan dos grupos de 100 madres en Quintana Roo y en Guerrero, en la primera habrá 13 adolescentes, mientras que en la segunda casi 18, lo que refleja la disparidad regional.
Yucatán por arriba del promedio
En contraste al panorama en el Caribe mexicano, Yucatán aún mantiene rezagos en la reducción del embarazo adolescente, pues, según las cifras, entre 2019 y 2023, el porcentaje de nacimientos de madres menores de 20 años pasó de 16% a 14%, una reducción menor si se compara con Quintana Roo, el estado vecino.
Además, la tasa de fecundidad adolescente en Yucatán ronda los 50 nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años, por encima de la media nacional de 45.2. Esto significa que, en una secundaria con 200 alumnas, al menos 10 podrían convertirse en madres antes de los 20 años.
En comunidades mayas, el fenómeno es aún más visible. La encuesta nacional reveló que 20% de las adolescentes hablantes de lengua indígena ha estado embarazada, el doble que entre las jóvenes que no hablan lengua originaria.
“La tasa específica de fecundidad en las adolescentes hablantes de lengua indígena fue de 90.3 nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años, el doble de la media nacional”, señala el reporte oficial.
Campeche y la realidad peninsular
Campeche también muestra un estancamiento en cuanto al tema de embarazos durante la adolescencia. En 2019, el 16.8% de los nacimientos era de madres adolescentes, mientras que en 2023 el dato fue de 14.7%, prácticamente sin grandes cambios en comparación con Yucatán y mucho menos en Quintana Roo.
Con este panorama, la península muestra una dualidad. Quintana Roo avanza hacia cifras comparables a las de entidades urbanas con mayor acceso a servicios de salud y educación sexual, mientras que Yucatán y Campeche se asemejan más a estados del sur como Chiapas y Oaxaca, donde la maternidad temprana sigue siendo parte de la vida cotidiana.
ANTICONCEPCIÓN Y DESCONOCIMIENTO
Entre los factores importantes que han contribuido a las cifras negativas registradas en la península de Yucatán es el desconocimiento sobre los métodos de prevención de embarazos a temprana edad. De acuerdo con el informe, aunque el 66.9% de las adolescentes mexicanas usó algún método anticonceptivo en su primera relación sexual, entre las jóvenes indígenas el porcentaje baja a 26.6%.
La principal razón para no usarlos es el desconocimiento. En Yucatán, donde más del 30% de la población habla lengua maya, esta brecha cultural tiene un impacto directo en la salud sexual de las adolescentes.
A nivel nacional, el condón masculino es el método más usado (92%), pero entre las adolescentes indígenas, aunque es mayoritario, apenas cubre al 81.6%. El INEGI apunta que, mientras en áreas urbanas la falta de protección suele explicarse por “no haber planeado la relación sexual”, en comunidades indígenas muchas jóvenes reportan que “querían embarazarse” o que “no conocían métodos anticonceptivos”.
CONSECUENCIAS ECONÓMICAS: POBREZA QUE SE HEREDA
El impacto económico es una de las principales consecuencias del embarazo adolescente en la península. Una madre adolescente gasta en promedio entre 3 y 5 mil pesos al mes en pañales, leche y consultas médicas, sin contar emergencias o gastos de vivienda. Si la joven no trabaja o depende de su familia, el peso recae en abuelos y tíos, generando un círculo de presión económica que afecta a todo el hogar.
En Yucatán, donde el embarazo adolescente es más común en comunidades mayas, muchas jóvenes dejan de estudiar y terminan dedicándose al trabajo doméstico o en el campo. Mientras que, en Campeche, ocurre algo similar en localidades pesqueras, donde la maternidad temprana obliga a las adolescentes a depender de las actividades de subsistencia de sus parejas o familias.
En cambio, en Quintana Roo, aunque también se presenta este fenómeno, la mayor disponibilidad de empleos en el sector turístico ofrece alternativas, pero con salarios bajos y horarios complicados que dificultan el cuidado de los hijos.
FACTORES DETRÁS DEL EMBARAZO ADOLESCENTE
- Falta de educación sexual integral en escuelas y comunidades
- Desconocimiento o acceso limitado a métodos anticonceptivos
- Presiones culturales y sociales en comunidades indígenas y rurales
- Influencia de uniones tempranas y matrimonios a corta edad
- Escasa comunicación familiar sobre temas de sexualidad
CONSECUENCIAS SOCIALES Y EDUCATIVAS
- Abandono escolar, especialmente en secundaria y preparatoria
- Menores oportunidades de acceso a educación superior
- Dificultad para insertarse en empleos formales y bien remunerados
- Reproducción de ciclos de pobreza en familias y comunidades
- Mayor dependencia económica de la pareja o de los padres
IMPACTOS EN LA SALUD
- Mayor riesgo de complicaciones en el embarazo y el parto
- Incremento de partos prematuros y bajo peso al nacer
- Limitado acceso a controles médicos y atención especializada
- Riesgo más alto de mortalidad materna y neonatal en adolescentes
