El tráfico de migrantes supera a la cocaína como negocio para cárteles

El auge del tráfico de migrantes en la economía del crimen organizado

En los últimos años, el tráfico de migrantes ha superado al contrabando de cocaína como una de las actividades más lucrativas para los cárteles mexicanos. Según el Fiscal Especializado en Operaciones Estratégicas del estado de Chihuahua, Arturo Velazco, esta actividad genera ingresos mucho mayores y con menos riesgos para las organizaciones criminales.

Mientras que el precio del kilo de cocaína ha caído por debajo de los $10,000 dólares debido a la sobreoferta y el auge de drogas sintéticas como el fentanilo, los traficantes de personas cobran entre $10,000 y $15,000 dólares por migrante. Grupos de 40 o 50 migrantes pueden generar ganancias comparables a varios cargamentos de droga.

¿Por qué los cárteles prefieren traficar con migrantes?

El menor riesgo y la alta rentabilidad son factores clave en esta transición criminal. A diferencia del tráfico de cocaína, que implica enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y pérdidas significativas en caso de decomisos, el tráfico de personas presenta menos complicaciones legales. Además, muchos migrantes regresan a intentar cruzar la frontera, lo que amplía el flujo de ingresos para los llamados “polleros”.

Sin embargo, esta lucrativa actividad ha traído consigo un aumento de delitos como la extorsión y el secuestro. Los migrantes son ahora blanco frecuente de los cárteles, que los utilizan no solo para cruzar fronteras, sino también para extorsionar a sus familias.

Impacto en Chihuahua: violencia, túneles y extorsión

En el estado de Chihuahua, el control de las rutas migratorias ha intensificado los conflictos entre grupos criminales. Recientemente, las autoridades descubrieron un túnel en Ciudad Juárez, presuntamente utilizado para traficar personas hacia Estados Unidos. El sofisticado diseño del túnel demuestra las inversiones significativas que los cárteles están dispuestos a realizar en esta actividad.

Además, los migrantes se han convertido en una herramienta para imponer “derechos de piso” en zonas controladas por diferentes grupos. Según Velazco, estas disputas han escalado al punto de incluir robos de “mercancía humana” entre organizaciones criminales rivales.

Las extorsiones no sólo afectan a los migrantes

El problema no se limita al tráfico de personas. Productores agrícolas, ganaderos y comerciantes también enfrentan extorsiones económicas por parte de los cárteles. En la región sur de Chihuahua, se imponen “cuotas” a productores de nuez, madera y cerveza, quienes deben pagar cantidades considerables para evitar represalias.

Un ejemplo claro es el cobro de entre $30 y $60 pesos por cada 24 cervezas vendidas en la Sierra de Chihuahua. Aunque estas cuotas parecen menores, representan una fuente significativa de ingresos para los grupos criminales debido al volumen de ventas.

Consecuencias económicas y sociales de las actividades criminales

La extorsión y el tráfico de migrantes tienen un impacto devastador en la economía local y en la seguridad de las comunidades. Los costos adicionales impuestos por los cárteles incrementan el precio de productos básicos y ponen en riesgo la continuidad de pequeños negocios. En muchos casos, las familias se ven obligadas a abandonar sus actividades productivas, debilitando aún más la economía regional.

Por otro lado, los delitos relacionados con el tráfico de personas agravan la percepción de inseguridad en zonas fronterizas como Chihuahua. Velazco advirtió que un aumento en las deportaciones masivas desde Estados Unidos podría intensificar aún más estos conflictos y los delitos relacionados.

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