Dios presente en EU: La influencia de la religión en las decisiones del gobierno

La relación entre la religión y las decisiones gubernamentales en Estados Unidos ha sido una constante a lo largo de su historia. Este 20 de enero de 2025, durante la investidura de Donald Trump como el 47º presidente del país, quedó patente una vez más el peso de las creencias religiosas en la vida pública. 

La ceremonia incluyó oraciones de líderes católicos y evangélicos, y Trump juró ante la Biblia y cerró su discurso con las palabras “Dios bendiga a Estados Unidos”, en un acto que dejó ver la persistencia de la fe como un pilar en la política de ese país.

Un origen fundacional

Para entender esta relación, es necesario remontarse a los inicios del país. Los fundadores, muchos de los cuales eran de ascendencia protestante, establecieron una nación donde la libertad religiosa era un principio esencial. El historiador John Fea, autor del libro “Was America Founded as a Christian Nation?” afirma que “los colonos vieron la moral cristiana como una guía para establecer un orden social estable y justo”. Aunque la Primera Enmienda de la Constitución garantiza la separación entre Iglesia y Estado, las referencias a Dios en documentos oficiales siguen siendo una muestra de la influencia de las creencias religiosas de la época.

En tiempos de crisis, los líderes estadounidenses han recurrido a la religión como un elemento de cohesión nacional. Desde el “In God We Trust” en las monedas hasta el juramento presidencial sobre una Biblia, estos gestos simbólicos refuerzan una narrativa compartida de fe y propósito común. “La religión tiene un rol instrumental en unificar al pueblo estadounidense, especialmente en momentos de tensión política y social”, señala Elizabeth Bruenig, periodista especializada en religión y ética política.

La política y el voto religioso

El peso de la religión no se limita a lo simbólico. El voto de comunidades religiosas, como los evangélicos y los católicos, ha sido muy importante en las elecciones presidenciales. En el caso de Donald Trump, su retorno a la Casa Blanca en 2025 estuvo marcado por el apoyo de estos grupos, quienes valoraron su discurso centrado en los valores tradicionales y la defensa de la libertad religiosa. 

Sin embargo, esta estrecha relación entre política y religión también ha generado tensiones. Críticos como la socióloga Katherine Stewart, autora de “The Power Worshippers”, argumentan que el uso de la religión en la política puede socavar los principios democráticos al favorecer intereses específicos. “Cuando los líderes invocan a Dios, a menudo lo hacen para justificar políticas que podrían no ser inclusivas para toda la población”, explica Stewart.

En comparación con otras democracias occidentales, la influencia religiosa en la política estadounidense es notablemente fuerte. Países como Francia o el Reino Unido tienen sistemas más seculares, en parte debido a su historia con la Iglesia y el Estado. En contraste, la religiosidad sigue siendo un factor clave en el discurso político y cultural de Estados Unidos.

Las palabras de Trump, “Dios bendiga a Estados Unidos”, han sido repetidas por generaciones de presidentes y siguen resonando en una nación donde la fe y la política caminan, para bien o para mal, de la mano.

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