En la península de Yucatán, los lagartos no solo son parte del paisaje: son piezas importantes de los ecosistemas que abarcan selvas, manglares y zonas costeras. Desde el imponente garrobo negro (Ctenosaura similis) que toma el sol en muros y rocas, hasta la discreta lagartija espinosa (Sceloporus spp.) que se esconde entre la vegetación, la región alberga una sorprendente diversidad de especies.
Algunas, como la iguana rayada (Ctenosaura pectinata), son fáciles de ver en áreas urbanas y turísticas, mientras que otras, como el lagarto enano de Yucatán (Celestus rozellae), se mantienen en zonas de difícil acceso, ocultas a la vista de la mayoría. Cada una cumple una función ecológica importante: controlan poblaciones de insectos, dispersan semillas y forman parte de la cadena alimenticia que sostiene la vida silvestre local.
Amenazas contra los lagartos
Sin embargo, no todo es tranquilidad para estos reptiles. La pérdida de hábitat debido al crecimiento urbano, los incendios y la deforestación, junto con la cacería y el tráfico ilegal de fauna, representan amenazas constantes. En algunos casos, el desconocimiento sobre su papel en la naturaleza provoca que sean perseguidos injustamente por creencias erróneas.
Organizaciones ambientales y autoridades en Yucatán, Campeche y Quintana Roo han intensificado los esfuerzos de conservación. Programas de educación ambiental, monitoreo de poblaciones y rescate de ejemplares en riesgo buscan proteger a estas especies y concientizar a la población. También se han impulsado áreas naturales protegidas, como la Reserva de la Biosfera de Ría Lagartos y la Reserva Estatal Geohidrológica Anillo de Cenotes, donde los lagartos encuentran refugio seguro.
En comunidades mayas, algunos proyectos ecoturísticos promueven el avistamiento responsable de fauna, permitiendo que visitantes conozcan a estos animales en su hábitat natural sin afectarlos. De esta forma, la economía local se beneficia y, al mismo tiempo, se fomenta la conservación.
