El origen de una tradición cargada de humor y contradicciones
Cada 28 de diciembre, Hispanoamérica celebra el Día de los Santos Inocentes, una fecha marcada por las bromas y el ingenio, pero con raíces históricas que nos remiten a uno de los relatos más crudos del Nuevo Testamento. Según el Evangelio de Mateo, el rey Herodes, temeroso del nacimiento de un Mesías que amenazara su reinado, ordenó la masacre de los niños menores de dos años en Belén.
Aunque la historicidad de este hecho es cuestionada por muchos historiadores, la festividad evolucionó a lo largo de los siglos. En la actualidad, especialmente en México, el día se ha transformado en una oportunidad para gastar bromas, desde pedir dinero prestado sin intención de devolverlo hasta difundir noticias falsas con un objetivo humorístico.
Cuando la realidad supera a la broma
En un contexto político y social lleno de absurdos y contradicciones, el Día de los Santos Inocentes pierde fuerza como fecha de bromas. ¿Por qué? Simple: muchos titulares reales de México ya parecen creados expresamente para esta jornada.
Ejemplo 1: Un alcalde prófugo en su propia toma de protesta
En el Estado de México, el alcalde electo de Santo Tomás de los Plátanos, Pedro Luis Hernández de Paz, logró escapar de un operativo policial en plena ceremonia de toma de protesta. Aunque parece una noticia sacada de un sketch cómico, es una realidad que ilustra la impunidad y el surrealismo en la política mexicana.
Ejemplo 2: Colonias con nombres de la Cuarta Transformación
En Tultitlán, la alcaldesa decidió homenajear a la 4T al renombrar dos colonias con un toque peculiar: “Cuarta Transformación”. Los vecinos ahora viven en calles con nombres como “Tren Maya” y “Sembrando Vida”. Si bien algunas denominaciones como “Me canso, ganso” desaparecieron entre polémicas, este episodio refleja cómo el absurdo puede ser institucionalizado.
Ejemplo 3: Noticias de la “mañanera”
Las conferencias diarias del presidente López Obrador, mejor conocidas como “mañaneras”, han producido declaraciones y datos que, de ser contados un 28 de diciembre, fácilmente serían interpretados como bromas. Desde cifras cuestionables hasta el respaldo a gobiernos polémicos como los de Nicaragua o Venezuela, los anuncios oficiales se han convertido en un espectáculo de incredulidad cotidiana.
Un panorama donde la broma pierde terreno
El Día de los Santos Inocentes parece haber sido absorbido por un México donde el humor involuntario, las noticias inverosímiles y el cinismo político hacen que cualquier broma palidezca frente a la realidad.
¿Qué significa esto para la ciudadanía?
La normalización del absurdo no solo diluye el sentido crítico, sino que también puede desmovilizar la indignación. La saturación de noticias que oscilan entre lo grotesco y lo increíble deja al ciudadano en un estado de asombro perpetuo, donde resulta difícil discernir entre lo serio y lo trivial.
Un Día de los Santos Inocentes cotidiano
En el México actual, el Día de los Santos Inocentes parece haber perdido su propósito. La inocencia y la ingenuidad han sido sustituidas por la resignación ante un escenario donde las noticias reales superan a cualquier broma.
Así, cada día parece ser un 28 de diciembre, con el oficialismo transitando por nuevas rutas de engaño y burla hacia un pueblo al que, en el fondo, considera ingenuo. Quizá lo más irónico sea que, mientras los titulares sigan siendo tan inverosímiles como ciertos, ya no necesitemos de una fecha especial para burlarnos de nuestra propia realidad.
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