Donald Trump, en su regreso al poder, ha colocado nuevamente en la agenda la designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras. Este movimiento no solo es un arma política para reforzar su imagen de «mano dura», sino también una estrategia de presión hacia México para obtener resultados más contundentes en la lucha contra el narcotráfico.
Pero detrás de esta etiqueta hay mucho más que un tema de seguridad. Estados Unidos busca expandir su alcance legal y operativo, con medidas que podrían ir desde sanciones económicas hasta intervenciones militares.
Terrorismo: un concepto politizado y con profundas implicaciones
La palabra “terrorismo” tiene un peso político único. Asociar este término a los cárteles mexicanos no necesariamente refleja la naturaleza de sus actividades, que suelen tener fines económicos más que ideológicos. Sin embargo, esta designación permite que Estados Unidos utilice toda su maquinaria antiterrorista contra ellos.
- Legalidad ampliada: La etiqueta permite confiscar bienes, realizar intervenciones extraterritoriales e incluso autorizar operativos en México.
- Narrativas globales: Posiciona a los cárteles en el mismo nivel que organizaciones como ISIS o Al Qaeda, lo que tiene repercusiones diplomáticas y sociales.
México ante la amenaza: soberanía y cooperación
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un dilema crítico. La designación de los cárteles como terroristas por parte de Trump podría ser vista como una amenaza a la soberanía nacional. Sin embargo, rechazar una colaboración estratégica con Estados Unidos podría escalar la presión política y económica.
La cooperación será clave
- Coordinación bilateral: Ambos países deben trabajar en estrategias conjuntas para evitar el debilitamiento del Estado mexicano.
- Fortalecimiento interno: México necesita un enfoque integral que ataque las raíces del narcotráfico, como la desigualdad social y la corrupción.
El peligro de repetir la “Guerra contra el narco”
La historia reciente nos recuerda los errores del pasado. Durante el gobierno de Felipe Calderón, la ofensiva contra los cárteles dejó vacíos de poder que desataron más violencia, al disputarse los liderazgos los grupos criminales emergentes.
Hoy, enfrentar a los cárteles como si fueran terroristas plantea riesgos similares:
- Incremento de la violencia: Los cárteles pequeños y medianos podrían fortalecerse en el caos, aumentando los enfrentamientos.
- Crisis de legitimidad: La intervención de EE.UU. podría avivar tensiones internas y deslegitimar al gobierno mexicano.
- Impacto psicosocial: La narrativa de «terrorismo» estigmatiza a comunidades enteras, afectando a la población migrante y generando miedo.
¿Es una solución realista?
Los cárteles mexicanos tienen estructuras complejas, alimentadas por la corrupción, la pobreza y la demanda de drogas en Estados Unidos. Combatirlos como si fueran organizaciones terroristas no ataca las raíces del problema, sino que podría exacerbarlo.
Además, las prioridades de Trump parecen estar más alineadas con su agenda política que con un interés real en desarticular el narcotráfico. Esta estrategia, como muchas de sus decisiones, podría estar motivada más por la proyección de fuerza que por su efectividad.
Reflexión final: México ante un desafío histórico
El gobierno mexicano debe asumir un rol proactivo y evitar caer en la narrativa de una colaboración subordinada. Solo una estrategia integral, con una justicia fortalecida y una cooperación respetuosa, podrá enfrentar el complejo reto que representan los cárteles en este nuevo contexto.
Las lecciones de la historia están claras: abordar el narcotráfico como si fuera un problema militar o terrorista solo genera más caos y violencia. Es momento de replantear las estrategias con visión a largo plazo, antes de que las implicaciones de esta etiqueta de «terrorismo» lleven a México a una crisis sin precedentes.
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