La Central de Abasto (CEDA), el mercado mayorista más grande del mundo, ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para reaprovechar más de 500 toneladas de residuos orgánicos que genera diariamente. El objetivo es transformar estos desechos en productos alimenticios como mermeladas y mazapanes de ajonjolí, además de apoyar a los comedores comunitarios de la propia central.
Un esfuerzo para reducir el desperdicio de alimentos
Durante el conversatorio Cosechar Responsabilidad, Compartir Futuro, organizado en el marco del Día Internacional de Conciencia sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, la directora de la CEDA, Mónica Pacheco, destacó que el 80% de los residuos que se producen en este complejo son orgánicos, mientras que solo el 20% corresponde a materiales inorgánicos.
La funcionaria explicó que actualmente se trabaja en conjunto con la planta de composta de la Ciudad de México, pero que la propia CEDA contará con su planta de composta interna para agilizar la transformación de los desechos. De este modo, los residuos que antes terminaban en la basura tendrán un nuevo destino en productos útiles y alimentos con valor agregado.
Productos alimenticios a partir de residuos
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es el desarrollo de productos alimenticios a partir de residuos orgánicos. Según Pacheco, el plan contempla que los comerciantes canalicen frutas, semillas y otros desechos aptos para ser transformados en:
- Mermeladas.
- Mazapanes de ajonjolí.
- Alimentos para los 1,200 comedores comunitarios de la CEDA mediante el programa Itacate.
“Todo lo que se pierde en orgánico estamos tratando de canalizarlo a Centros de Alimentos y comedores comunitarios”, puntualizó la directora. Con ello, no solo se evita el desperdicio, también se genera un beneficio social para miles de personas que dependen de estos espacios.
Impacto económico y ambiental del desperdicio
El desperdicio de residuos orgánicos en la CEDA no solo representa un problema ambiental, también implica una fuerte pérdida económica. Cada kilo de alimento que no se aprovecha significa dinero que no se recupera, además de costos adicionales por recolección y disposición final.
Al transformar los residuos en productos comestibles o en composta, la Central busca reducir al mínimo estas pérdidas y convertirse en un modelo de economía circular. Esto, además, contribuirá a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por la descomposición de la materia orgánica en basureros tradicionales.
El respaldo de la FAO y el potencial internacional
La iniciativa también cuenta con el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Su representante en México, Lina Paul, destacó que la experiencia de la CEDA puede convertirse en un ejemplo para replicar en otros mercados del mundo.
“Si se concreta este aprovechamiento, las experiencias ganadas pueden ser llevadas a otros centros de abasto”, señaló Paul. Con ello, el impacto del proyecto podría trascender fronteras y marcar una pauta en la lucha global contra el desperdicio de alimentos.
Reconstrucción de las naves dañadas por incendio
En paralelo a este proyecto sostenible, la CEDA enfrenta otro reto: la rehabilitación de cuatro naves que resultaron afectadas tras el incendio ocurrido el pasado 10 de febrero.
Mónica Pacheco informó que ya cuentan con un proyecto ejecutivo para la reconstrucción, el cual busca garantizar que no se repita un siniestro similar. El plan incluye:
- Instalación de hidrantes y sensores de incendio.
- Un cuarto de bombas para emergencias.
- Infraestructura eléctrica reforzada.
La directora recordó que el espacio ya había sufrido cuatro incendios previos, todos vinculados a problemas eléctricos. Por ello, el objetivo principal es eliminar cualquier riesgo que pueda afectar a los 140 locatarios que esperan volver a sus espacios.
Compromiso con la seguridad y la prevención
El nuevo proyecto de infraestructura responde a la instrucción directa de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, quien pidió evitar una repetición de siniestros. Según Pacheco, la seguridad de comerciantes y visitantes es prioritaria, y se busca que la rehabilitación no solo repare los daños, sino que modernice las instalaciones para prevenir futuros incidentes.
La Central de Abasto de la Ciudad de México se encuentra en un momento decisivo: mientras avanza en un proyecto innovador para reaprovechar más de 500 toneladas de residuos orgánicos, también trabaja en la reconstrucción de sus naves dañadas por incendios.
Ambos procesos reflejan un compromiso con la sostenibilidad, la seguridad y la modernización de este espacio que abastece diariamente a millones de personas. Si logra consolidar sus iniciativas, la CEDA no solo reducirá el desperdicio y apoyará a los sectores más vulnerables, también podría convertirse en un referente internacional en la gestión integral de alimentos y residuos.
