Desde las 5:00 de la mañana, la autopista México-Puebla, una de las arterias económicas más vitales del país, se encuentra completamente paralizada en ambos sentidos por un bloqueo de la Asociación de Transportistas, quienes exigen un cese a la ola de inseguridad que los azota
Un acto de desesperación ha sumido a miles de ciudadanos y a la logística nacional en el caos. Este lunes 7 de julio, la autopista México-Puebla amaneció cerrada a la altura del kilómetro 31, una medida drástica tomada por transportistas que denuncian haber llegado a un punto de quiebre ante la incesante violencia y la falta de respuesta de las autoridades.
“Ya basta”: Las demandas de los transportistas ante una violencia incontenible
En un comunicado, la organización de transportistas fue contundente: «La inseguridad en la autopista ha alcanzado niveles críticos, poniendo en riesgo la vida de nuestros conductores y la seguridad de la carga». La protesta no es por mejores tarifas ni por cuestiones laborales, es por el derecho fundamental a la seguridad.
Sus demandas son claras y directas, un reflejo de la frustración acumulada tras meses de peticiones que, aseguran, han sido ignoradas:
- Una respuesta inmediata y efectiva por parte de las autoridades para detener la ola de asaltos.
- Un aumento significativo y visible en la presencia de la Guardia Nacional y otras fuerzas policiales a lo largo de toda la autopista.
El bloqueo es la consecuencia directa de una inacción gubernamental que ha dejado a los operadores de carga en un estado de vulnerabilidad extrema. La narrativa que emana de la protesta no es la de «manifestantes causando problemas», sino la de «ciudadanos desesperados exigiendo al Estado que cumpla con su deber».
El colapso: Kilómetros de tráfico y millones en pérdidas
El impacto del cierre es masivo. Desde las primeras horas del día, se han formado filas kilométricas de vehículos particulares, autobuses de pasajeros y, paradójicamente, cientos de camiones de carga que no participan en la protesta pero que han quedado varados. La parálisis de esta vía, crucial para el abasto de la Ciudad de México y el centro del país, representa pérdidas económicas que se cuentan por millones de pesos cada hora.
El efecto dominó ha colapsado también las vialidades aledañas, con reportes de tráfico intenso en el Circuito Exterior Mexiquense, la Calzada Ignacio Zaragoza y la carretera federal libre, que se ha visto desbordada por conductores que buscan una salida.
Alternativas oficiales ante el cierre
Para los conductores atrapados o que planean viajar, Caminos y Puentes Federales (CAPUFE) ha emitido las siguientes recomendaciones oficiales como rutas alternas :
- En dirección a Puebla: Tomar la desviación hacia la carretera federal libre a la altura del kilómetro 17 (Puente de la Concordia).
- En dirección a la CDMX: Desviarse hacia la carretera federal libre en la Plaza de Cobro de San Marcos.
CAPUFE ha advertido que la carretera libre no está bajo su operación y recomienda llamar al 088 de la Guardia Nacional para obtener información actualizada sobre esa ruta.
¿Y las autoridades? El dilema de la gobernabilidad
Hasta el momento, no ha habido un pronunciamiento oficial por parte de la Secretaría de Gobernación o un plan claro para la disolución del bloqueo. Se presume que existen negociaciones a puerta cerrada, pero la desconfianza de los manifestantes es palpable
Este evento expone una profunda paradoja en México: ciudadanos sacrificando el derecho al libre tránsito de miles para exigir su propio derecho a la vida y a la seguridad. Se trata de un dilema que pone en jaque la gobernabilidad y plantea una pregunta incómoda: ¿quién es el responsable del caos? ¿Los transportistas que bloquean la vía o las autoridades cuya omisión los orilló a tomar esta medida extrema?
El bloqueo de la México-Puebla es más que una protesta; es un referéndum ciudadano sobre la capacidad del Estado para cumplir su función más básica: proteger a su gente. La pregunta que resuena en el asfalto detenido es cuántas arterias económicas más deben ser paralizadas para que el grito de auxilio por seguridad sea finalmente escuchado.
