Desde las montañas de la Sierra Tarahumara, un rincón de México donde la tradición y la naturaleza se entrelazan, Benilda Figueroa Viniegra desafió las adversidades para convertirse en la primera mujer rarámuri en obtener un título de medicina.
Nació en una comunidad donde las enfermedades respiratorias, la desnutrición y la falta de atención médica adecuada han sido parte de la vida cotidiana. Desde pequeña, observó cómo las mujeres de su pueblo daban a luz sin asistencia profesional y cómo la falta de doctores condenaba a muchos a enfermedades prevenibles. Esa realidad sembró en ella el deseo de cambiar la historia de su gente.
Los desafíos de ser una mujer rarámuri en la educación superior
El camino de Benilda no fue fácil. Dejó su hogar para trasladarse a la ciudad de Chihuahua, donde enfrentó desafíos culturales, económicos y sociales. La discriminación y la falta de oportunidades para los indígenas no fueron obstáculos menores, pero su determinación la llevó a seguir adelante.
A lo largo de su formación en la Universidad Autónoma de Chihuahua, Benilda tuvo que equilibrar su identidad cultural con las exigencias de la medicina moderna. Aprender español con fluidez y adaptarse a un sistema educativo ajeno a sus raíces fueron parte de su lucha diaria.
Regreso a la Sierra Tarahumara: Medicina con identidad cultural
Tras graduarse como médica cirujana, Benilda regresó a su comunidad con un objetivo claro: llevar atención médica de calidad a quienes más la necesitaban. Su trabajo la ha llevado a recorrer largas distancias, a pie o a caballo, para atender a familias que antes no tenían acceso a un médico.
Desde la prevención de enfermedades hasta la atención de partos, su labor ha impactado la vida de decenas de mujeres y niños rarámuri. Además, ha integrado la medicina tradicional con la occidental, promoviendo un enfoque de salud que respeta las creencias y costumbres de su pueblo.
Impacto y legado de la primera médica rarámuri
La historia de Benilda ha roto paradigmas. No solo ha mejorado la calidad de vida de su comunidad, sino que ha inspirado a otras jóvenes indígenas a seguir sus pasos. Su presencia en la Sierra Tarahumara no solo significa acceso a la salud, sino también esperanza y empoderamiento para las mujeres rarámuri.
Hoy, su labor continúa. Con campañas de vacunación, educación en salud y atención primaria, Benilda trabaja incansablemente para reducir la mortalidad materno-infantil y mejorar la calidad de vida de su pueblo.
Conclusión: Un símbolo de resistencia y cambio
Benilda Figueroa Viniegra es un testimonio de que la educación y la perseverancia pueden transformar realidades. Su historia nos recuerda que el acceso a la salud no debería ser un privilegio, sino un derecho para todos, sin importar su origen.
Su ejemplo abre camino para futuras generaciones de médicos indígenas, demostrando que el conocimiento y la identidad cultural pueden coexistir para crear un impacto positivo en la sociedad.
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