La comunidad maya de Yaxhachén, en el municipio de Oxkutzcab, despidió la noche del miércoles 10 de diciembre a Bacila Tzec Uc, reconocida como la última partera tradicional del pueblo y fallecida a los 92 años.
Su partida marca el cierre de una era para una región donde su oficio fue durante décadas un sostén vital para las familias. Doña Bacila ayudó a nacer a cientos de niñas y niños y mantuvo vivas prácticas que se remontan a generaciones de comadronas mayas.
Su vida quedó retratada en el documental Jats’uts Meyah (“Hermosa labor”), dirigido por Amanda Strickland, en el que Bacila reflexionó con serenidad sobre su trayectoria y su relación con la vida y la muerte.
“He vivido muchas cosas, algunas tristes, pero también momentos felices… si muero estaré feliz, y si no muero también estaré feliz”, dijo ante la cámara, en una de las frases que hoy recobran especial significado.
Durante más de 60 años, Bacila ejerció como partera en Yaxhachén, una comunidad de menos de dos mil habitantes situada a 32 kilómetros de Oxkutzcab. Su trabajo no solo consistió en asistir partos naturales en hogares sin acceso inmediato a servicios médicos: también acompañó a madres jóvenes, preparó remedios con hierbas, dio consejos y sostuvo redes de apoyo que fueron esenciales para la salud comunitaria. Su figura se convirtió en un símbolo de resistencia cultural y en una referencia para las nuevas generaciones sobre el valor del conocimiento heredado.
La partería maya, un oficio vital en comunidades rurales

La labor de Bacila Tzec Uc forma parte de una tradición que aún perdura en diversas zonas rurales de la península. Las parteras mayas (conocidas también como comadronas o matronas) conservan saberes ancestrales sobre la atención del embarazo y el uso de plantas medicinales.
En Yucatán, cerca de 200 parteras atienden cada año a más de 17 mil mujeres en municipios alejados de los centros de salud, lo que ha reducido de forma documentada la mortalidad materna e infantil.
En estas comunidades, el parto suele realizarse en casa, rodeado de familiares, mientras la partera guía el proceso mediante técnicas tradicionales, masajes, infusiones y acompañamiento constante.
Su presencia suple la falta de infraestructura sanitaria y ofrece un entorno culturalmente significativo que ha sido fundamental para preservar la identidad maya. La labor de Bacila era, por ello, mucho más que un servicio de salud: era un puente entre generaciones y una defensa viva del patrimonio comunitario.
El legado de Bacila Tzec Uc permanece ahora en las historias de quienes la vieron trabajar, en los niños que ayudó a nacer y en las prácticas que sostuvo a lo largo de toda una vida. Su comunidad despide a una mujer querida y respetada, cuya “hermosa labor” continuará resonando en Yaxhachén.