Lo que parecía un día normal cambió por completo la vida de Janeth Aguilar y su familia. Rosalinda Cervantes, su madre, se sentía cansada. Era algo inusual, pues aunque ya tenía más de 60 años, seguía activa en su hogar ayudando a cuidar a sus nietas por las mañanas y cocinaba para todos durante la semana.
“Cuando llegué del trabajo seguía dormida. Nos pareció raro, pero no la quisimos molestar. Le avisé a mi hermana y ella se quedó con ella. Al día siguiente seguía igual, solo que esta vez ya no tenía sentido lo que decía. Fue ahí que nos preocupamos”, comentó Janeth, de 43 años.
Preocupadas, la llevaron al médico en donde le solicitaron análisis de sangre, pero los resultados estarían listos hasta el día siguiente. Mientras tanto, Rosalinda perdió el apetito, las fuerzas y, poco a poco, la lucidez.
Al día siguiente, el diagnóstico fue concreto cirrosis hepática en etapa avanzada. Sin embargo, lo que más desconcertó a la familia fue el origen de la enfermedad, pues Rosalinda nunca fue bebedora, apenas y se tomaba una cerveza en alguna fiesta. Entonces, ¿cómo podía tener el hígado tan dañado?.
En 1981, al dar a luz a Janeth, Rosalinda recibió una transfusión de sangre contaminada con hepatitis C, en una época en que no existía tecnología para detectar el virus en los bancos de sangre.
“Nos explicaron que en esos años no existía la tecnología para detectar el virus de hepatitis C en la sangre donada. Fue ahí cuando mi mamá se contagió”, dijo.
Durante más de tres décadas, el virus permaneció en su cuerpo sin dar señales evidentes. Rosalinda jamás se sintió mal del hígado, nunca tuvo síntomas que la alertaran. Pero el virus trabajaba silenciosamente, destruyendo su hígado poco a poco hasta llevarlo a la cirrosis.
“Después del diagnóstico, los tratamientos paliativos solo retrasaron lo inevitable. Le hacían enemas de lactosa y a veces volvía en sí, pero cada vez duraba menos. Llegó el punto en que comenzó a vomitar sangre y ya no despertó, solo respiraba. La hospitalizamos y después de una semana, murió.
“Si mi mamá se hubiera hecho una prueba, tal vez todo sería diferente. Por eso yo sí me la hice, y animo a otros a hacerlo. Porque esta enfermedad no avisa, pero sí mata”, contó Janeth.
Hepatitis B y C avanzan en silencio por falta de diagnósticos oportunos
Esta semana se conmemora el Día Mundial Contra las Hepatitis, una fecha para crear conciencia sobre esta enfermedad y sus distintas variantes. Las hepatitis B y C, aunque prevenibles y tratables, continúan afectando silenciosamente a miles de personas.
En muchos casos, el virus puede permanecer en el cuerpo durante años sin mostrar síntomas, hasta que se manifiesta en etapas avanzadas como cirrosis o cáncer hepático, cuando ya es demasiado tarde para revertir el daño.
De acuerdo con el informe más reciente de vigilancia epidemiológica de la Secretaría de Salud federal, entre el 1 de enero y el 12 de julio se han registrado 52 casos de hepatitis B en la península de Yucatán, lo que representa un incremento del 48% en comparación con los 35 casos reportados en el mismo periodo de 2024. El estado de Yucatán concentra el mayor número de casos con 24, seguido por Quintana Roo con 23 y Campeche con 5.
Mientras tanto, la hepatitis C ha registrado una aparente reducción del 42% en la península de Yucatán, al contabilizar 105 casos, en comparación a los 182 detectados en el mismo periodo del año pasado.
Sin embargo, más allá de representar una cifra alentadora, el médico internista Juan Pablo Martín advirtió que esta disminución no refleja una disminución real de la enfermedad, sino una caída en el número de diagnósticos.
“No es que la hepatitis C esté desapareciendo, es que no se están detectando los casos. Pasa como ocurrió con el covid-19, la gente ya no se hace la prueba a menos que se sienta mal. El problema es que, sin una prueba, una persona no puede saber con exactitud si tiene o no el virus. Todos se la hacen cuando ya es tarde”, advirtió.
8 de cada 10 personas no saben que la tienen
Juan Pabló mencionó que a nivel mundial, más de 350 millones de personas en el mundo viven con hepatitis B crónica y alrededor de 58 millones con hepatitis C, muchas sin saberlo.
Mientras que las formas de contagio son mucho más comunes de lo que las personas pueden imaginar, pues cada uno de los mecanismos se encuentra en las actividades cotidianas como las perforaciones, los tatuajes e incluso procesos estéticos como el microblading.
“El virus entra al cuerpo a través de herramientas que no están esterilizadas al cien por ciento, tal es el caso de las agujas que se usan para estos procedimientos. Además se transmiten principalmente por contacto con sangre contaminada, relaciones sexuales sin protección, o de madre a hijo durante el parto.
“En la mayoría de los casos no hay fiebre, ni dolor, ni señales que hagan sospechar al paciente de una infección. El virus se instala en el hígado y comienza a dañarlo lentamente, hasta que ya no hay forma de revertir el daño”, explicó.
Reconoció que el diagnóstico tardío es uno de los principales retos. De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Salud, 8 de cada 10 personas que tienen hepatitis C lo desconocen.
“Por eso es importante que al menos cada año se realicen una prueba de sangre. Se puede hacer a través de las pruebas rápidas con una gota del dedo de la mano o por toma sanguínea, esta última nos ayuda a tener un panorama más claro, pero cualquiera de las dos ayuda”, dijo.
¿Cuándo hacerse la prueba?
Al menos una vez si:
- Tuviste contacto con sangre ajena (transfusión, tatuajes o perforaciones sin medidas higiénicas)
- Tienes prácticas sexuales de riesgo
- Eres personal de salud
- Tu madre estuvo infectada o tienes antecedentes familiares
Recomendaciones
- Vacunarse contra la hepatitis B desde el nacimiento
- Usar preservativo en todas las relaciones sexuales
- Evitar compartir agujas, rastrillos, cepillos de dientes o cualquier objeto que pueda tener sangre
- Exigir material estéril en tatuajes, perforaciones o procedimientos médicos
- Realizarse pruebas de detección en caso de riesgo o por rutina, al menos una vez en la vida
Factores de riesgo
- Transfusiones sanguíneas previas a 1995
- Consumo de drogas inyectables
- Relación sexual sin protección
- Procedimientos médicos o dentales sin higiene adecuada
- Uso compartido de jeringas u objetos punzocortantes
Posibles síntomas (cuando aparecen)
- Fatiga crónica
- Ictericia (coloración amarilla de piel y ojos)
- Náuseas o vómito
- Dolor abdominal, especialmente en el área del hígado
- Orina oscura
- Pérdida de apetito
