
Detrás de la fachada de unidad aliada, se esconde una profunda y peligrosa fractura. Una tensa llamada telefónica entre altos funcionarios de Israel y Estados Unidos ha revelado un choque de estrategias que podría determinar el curso de la guerra en Medio Oriente.
Lejos de los comunicados oficiales y las sonrisas diplomáticas, la alianza entre Israel y Estados Unidos cruje bajo la presión de la guerra con Irán. Fuentes familiarizadas con el asunto han revelado a la agencia de noticias Reuters la existencia de una tensa llamada telefónica el pasado jueves, en la que altos mandos israelíes expresaron su rotundo rechazo a la «ventana de dos semanas» propuesta por el presidente Donald Trump para decidir una acción militar conjunta, instando a un ataque inmediato contra las instalaciones nucleares iraníes.
Este enfrentamiento no es una simple diferencia de opinión; expone una peligrosa divergencia sobre el tiempo y la estrategia que podría tener consecuencias catastróficas.
La Postura de Israel: «Una Ventana de Oportunidad Limitada»
Para el gabinete de guerra israelí, el tiempo es un lujo que no pueden permitirse. Su argumento, comunicado con urgencia a Washington, se basa en dos pilares fundamentales:
* Momentum Militar: Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) creen haber alcanzado una ventaja táctica decisiva. Tras días de ataques, consideran que han degradado significativamente las defensas iraníes y ahora tienen una «ventana de oportunidad limitada» para asestar un golpe decisivo al programa nuclear, especialmente a la instalación subterránea de Fordow.
* Costos Insostenibles: La guerra de defensa aérea tiene un costo económico exorbitante para Israel. Mantener el escudo activo es un sangrado financiero que no pueden sostener indefinidamente. Por ello, sienten la necesidad de pasar de la defensa a la ofensiva para neutralizar la amenaza en su origen, antes de que sus propios recursos se agoten.
La frustración israelí es tal que han dejado claro que, si es necesario, consideran actuar en solitario contra Irán, aunque reconocen que para destruir un objetivo como Fordow, necesitarían las bombas «bunker buster» que solo posee Estados Unidos.
Sugerencia: Una imagen dividida. A un lado, el Primer Ministro Netanyahu en una reunión del gabinete de guerra. Al otro, el Presidente Trump en la Oficina Oval. El titular sobrepuesto: «Aliados Divididos».
La División en Washington: Vance vs. los Halcones
La llamada telefónica no solo reveló la impaciencia de Israel, sino también una profunda división dentro de la propia administración Trump. La respuesta de la Casa Blanca no fue monolítica.
Según las fuentes, el vicepresidente JD Vance se opuso frontalmente a la urgencia israelí, argumentando que Tel Aviv estaba intentando «arrastrar» a Estados Unidos a una guerra más amplia. La postura de Vance representa a una facción influyente del entorno de Trump que ha abogado por evitar nuevas «guerras estúpidas» en el extranjero.
Esta posición choca directamente con la de otros republicanos prominentes, como el senador Lindsey Graham, quien ha instado a Trump a ayudar a Israel a desmantelar el programa nuclear iraní. Incluso el senador Rand Paul, conocido por su aislacionismo, elogió la «moderación» inicial de Trump, mostrando el espectro de presiones que enfrenta el presidente.
El resultado es un presidente que parece oscilar entre dos polos: el instinto de evitar un enredo militar costoso y la tentación de aprovechar una oportunidad histórica para neutralizar a un adversario de décadas.
«Los israelíes creen que tienen una ventana de oportunidad limitada para moverse contra el sitio profundamente enterrado en Fordow, la joya de la corona del programa nuclear de Irán.» – Fuente anónima citada por Reuters.
La ONU y el G7: Contención Diplomática vs. Realidad Militar
Mientras la alianza clave se fractura en privado, los foros internacionales intentan desesperadamente apagar el fuego. En una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, la subsecretaria general para Asuntos Políticos, Rosemary DiCarlo, advirtió que «la ventana para prevenir una escalada catastrófica y lograr una resolución pacífica aún no se ha cerrado».
Sin embargo, la misma reunión fue escenario de un virulento cruce de acusaciones entre los delegados de Israel e Irán, demostrando que la diplomacia está muy por detrás de la realidad militar. El delegado israelí acusó a Irán de tener una «agenda genocida», mientras que el iraní denunció las acciones de Israel como una violación del derecho internacional.
Por su parte, los líderes del G7 emitieron una declaración cuidadosamente equilibrada, apoyando a Israel pero pidiendo desescalada, una fórmula que satisface a todos y no compromete a nadie.
La cruda realidad es que la diplomacia global corre a contrarreloj, intentando construir puentes mientras la principal alianza militar que impulsa el conflicto muestra grietas peligrosas. La decisión final sobre si Medio Oriente se sumerge en una guerra total no parece que se vaya a tomar en Nueva York o Ginebra, sino en una lucha de poder dentro del Ala Oeste de la Casa Blanca, donde el futuro de la región pende de un hilo.