
La demanda que puso a Meta y sus líderes contra las cuerdas
En una maniobra estratégica que evita uno de los juicios corporativos más esperados de la última década, Mark Zuckerberg y altos exdirectivos de Meta han logrado un acuerdo para cerrar un litigio multimillonario que los señalaba por mala supervisión empresarial. La cifra en juego superaba los ocho mil millones de dólares, y estaba ligada al escándalo que destapó el uso indebido de los datos de 87 millones de usuarios de Facebook por parte de Cambridge Analytica.
Lo que comenzó en 2018 como una acción legal por parte de los accionistas de Meta Platforms culminó en un acuerdo confidencial anunciado en pleno proceso judicial, sin necesidad de juicio y, lo más importante para los acusados: sin tener que declarar bajo juramento.
Un juicio que nunca fue: la importancia del acuerdo
El juicio sin jurado, iniciado el 16 de julio en Wilmington, Delaware, prometía exponer detalles comprometedores sobre la gestión de datos personales en Meta. El foco principal era determinar si Zuckerberg y otros miembros de la junta violaron un acuerdo de 2012 con la Comisión Federal de Comercio (FTC) que exigía mejores prácticas de privacidad.
El caso tomó más fuerza cuando se reveló que Cambridge Analytica accedió a millones de perfiles de Facebook sin consentimiento, utilizando esa información con fines políticos, particularmente en la campaña presidencial de Donald Trump.
Los demandantes solicitaban que Zuckerberg y otros directivos —incluyendo a Sheryl Sandberg, Marc Andreessen, Peter Thiel y Reed Hastings— pagaran de su propio bolsillo las consecuencias legales y económicas que enfrentó la empresa, incluyendo una histórica multa de cinco mil millones de dólares impuesta por la FTC.
El valor de evitar el estrado
Una de las principales ventajas del acuerdo alcanzado es que los acusados evitaron testificar bajo juramento. Esto les permitió evadir preguntas sensibles sobre la gestión interna de Meta y su papel en la falta de protección de datos.
Durante la preparación del juicio, surgieron evidencias de que Sheryl Sandberg pudo haber eliminado correos electrónicos incriminatorios, lo que generó sanciones. De haberse realizado el juicio completo, estos temas habrían estado en el centro de la narrativa judicial y mediática.
El abogado de los demandantes, Sam Closic, se limitó a decir ante la jueza Kathaleen McCormick que «el acuerdo simplemente se dio rápidamente«, sin ofrecer detalles sobre las condiciones pactadas. No obstante, el desenlace deja claro que Meta buscó evitar el impacto reputacional y financiero que un juicio público podría haber generado.
¿Una victoria legal o una estrategia de desgaste?
Aunque Meta y sus líderes evitaron un fallo judicial en su contra, el acuerdo no implica inocencia. Lo que ocurrió fue un cierre anticipado de un proceso largo, costoso y difícil de probar, especialmente en Delaware, donde las leyes corporativas suelen proteger a los altos ejecutivos de este tipo de demandas por mala supervisión.
Además, incluso si los demandantes hubieran ganado el juicio, la decisión podría haber sido apelada ante la Corte Suprema de Delaware, lo que auguraba un conflicto legal que se extendería durante años.
¿Qué deja este caso para el futuro de la privacidad digital?
El escándalo de Cambridge Analytica cambió la percepción pública sobre el manejo de los datos personales en redes sociales. Desde entonces, Meta ha enfrentado presión regulatoria global, pérdida de confianza del usuario y una constante vigilancia mediática.
Aunque este litigio ha llegado a su fin, el precedente queda sentado: los accionistas y organismos de control están cada vez más dispuestos a llevar a juicio a los líderes de las grandes tecnológicas, y no basta con pedir disculpas públicas cuando los datos personales se usan de forma indebida.
Zuckerberg sobrevive, pero la sombra del escándalo persiste
El acuerdo al que llegó Mark Zuckerberg con los accionistas de Meta le permite evitar una exposición directa en los tribunales, pero no borra la memoria del público ni de los legisladores. El mensaje es claro: la privacidad digital se ha vuelto un tema central y las empresas deben rendir cuentas, incluso en los niveles más altos.