En la frontera, el sol cae sobre el desierto y el eco del miedo resuena en las redes. Mientras los cruces irregulares hacia Estados Unidos caen a su nivel más bajo en cinco años, el expresidente Donald Trump —y hoy figura dominante en la política estadounidense— mantiene viva una campaña antimigratoria digital con un mensaje directo:
“Ni lo intentes”.
Desde la embajada de Estados Unidos en México, los mensajes se repiten día tras día. Videos, publicaciones y advertencias inundan plataformas como X e Instagram. En ellos, agentes de la Patrulla Fronteriza miran a cámara y sentencian:
“La frontera de Estados Unidos está cerrada. Si cruzas ilegalmente, serás arrestado y procesado. No hay asilo, no hay permisos”.
Una campaña de miedo en plena calma fronteriza
Paradójicamente, mientras los discursos se endurecen, las cifras de cruces ilegales se desploman. De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), en agosto se registraron solo 9,740 encuentros entre agentes y migrantes, una caída del 90% respecto al año anterior.
Sin embargo, la administración de Trump no ha suavizado su tono. En lugar de celebrar los resultados, ha decidido reforzar su narrativa disuasoria. Los mensajes se enfocan en advertir castigos, prisión y hasta supuestos vínculos con organizaciones terroristas, una estrategia que busca amplificar el miedo más que informar.
Redes sociales como nueva frontera política
El hashtag #NiLoIntentes se ha convertido en el emblema de la ofensiva comunicacional. Cada publicación busca desincentivar la migración irregular, pero también consolidar la imagen de una frontera “segura” bajo políticas firmes.
En uno de los videos más difundidos, el vocero de la embajada en México, David Arizmendi, lanza un mensaje claro:
“Los polleros usan redes para vender mentiras. No te dejes engañar, no arriesgues tu vida por una falsa promesa.”
El discurso oficial mezcla seguridad, miedo y moralidad. En un entorno donde los datos muestran un descenso notable en los cruces, la campaña parece más política que preventiva.
La diplomacia digital como herramienta de presión
Desde el cierre parcial del gobierno estadounidense —ocasionado por el estancamiento presupuestal en el Congreso—, las cuentas diplomáticas dejaron de publicar información habitual y se enfocaron exclusivamente en la campaña antimigratoria.
La estrategia sugiere una reconfiguración de la diplomacia digital: usar las redes oficiales como extensiones de la política interna, más que como canales informativos. Este cambio marca una línea directa con los discursos de Trump durante su primera presidencia, centrados en “cerrar la frontera” y “proteger la soberanía”.
Entre la disuasión y la desinformación
Aun con las cifras a la baja, el mensaje de crisis persiste. Expertos en comunicación política señalan que el objetivo es mantener viva la narrativa de “invasión”, útil para movilizar bases electorales y justificar medidas de control extremo.
Mientras tanto, las comunidades migrantes perciben una doble realidad: menos detenciones, pero mayor criminalización simbólica. La retórica del miedo ha sustituido al discurso humanitario, y la frontera ya no solo se levanta con muros, sino con mensajes.
El poder del relato y el desafío de la verdad
El caso refleja cómo la información puede moldear la percepción pública. Aunque los números indiquen calma, el relato de amenaza persiste. Trump y su equipo han comprendido que, en tiempos digitales, la narrativa puede ser más poderosa que los hechos.
La frontera, entonces, no solo divide territorios: separa realidades, emociones y discursos. Y en esa línea invisible, la verdad sigue siendo el terreno más disputado.
