En una escalada diplomática y comercial sin precedentes, el presidente Donald Trump anunció la terminación inmediata de todas las negociaciones comerciales con Canadá, amenazando con imponer nuevos aranceles en cuestión de días. La drástica medida es una respuesta directa al plan de Canadá de implementar un impuesto a los servicios digitales que afecta a los gigantes tecnológicos de Estados Unidos.
La relación comercial entre Estados Unidos y Canadá, dos de los mayores socios económicos del mundo, se encuentra al borde de una guerra abierta. El presidente Donald Trump, a través de su red social, declaró el viernes la suspensión «inmediata» de «TODAS las discusiones sobre Comercio con Canadá», una medida que ha enviado ondas de choque a través de los mercados y los círculos diplomáticos.
La decisión, calificada por Trump como una respuesta a un «ataque directo y flagrante a nuestro país», fue provocada por la confirmación de Canadá de que seguirá adelante con su Impuesto a los Servicios Digitales (DST, por sus siglas en inglés). Este impuesto, que entrará en vigor el lunes, aplicará una tasa del 3% sobre los ingresos generados en Canadá por grandes empresas tecnológicas, muchas de ellas estadounidenses.
El Impuesto que Desató la Furia
El nuevo impuesto canadiense está diseñado para gravar la actividad económica de gigantes digitales que operan en su territorio. Empresas como Amazon, Google, Meta (Facebook), Uber y Airbnb se verán afectadas. El golpe financiero es significativo: se estima que el impuesto tendrá un carácter retroactivo, lo que resultaría en una factura de aproximadamente $2 mil millones para las compañías estadounidenses a finales de este mes.
La reacción de Trump fue contundente y no dejó lugar a la negociación. «Informaremos a Canadá de la Tarifa que tendrán que pagar para hacer negocios con los Estados Unidos de América en los próximos siete días», sentenció el presidente en su publicación.
Este movimiento representa la normalización de una política exterior de «shock» que, más allá del drama diplomático, crea una vulnerabilidad económica masiva y directa para el consumidor estadounidense. La disputa no es solo sobre software o publicidad en línea; amenaza con desestabilizar los cimientos de la economía norteamericana.
El Costo Real para el Consumidor Estadounidense
La amenaza de aranceles de represalia por parte de Estados Unidos podría tener consecuencias directas y palpables en los bolsillos de los ciudadanos. La economía estadounidense depende de manera crítica de su vecino del norte para recursos esenciales:
- Petróleo: Aproximadamente el 60% de las importaciones de petróleo crudo de EE. UU. provienen de Canadá.
- Electricidad: El 85% de las importaciones de electricidad también tienen origen canadiense.
- Materiales Críticos: Canadá es el mayor proveedor extranjero de acero, aluminio y uranio para Estados Unidos, además de poseer 34 minerales y metales críticos que el Pentágono considera vitales.
Cualquier arancel impuesto a Canadá podría provocar una reacción similar de Ottawa, afectando directamente el costo de la energía y las materias primas. Esto podría traducirse casi instantáneamente en precios más altos de la gasolina, facturas de electricidad más caras y un aumento en el costo de productos manufacturados, desde automóviles hasta latas de refresco.
«No va a salir bien para Canadá. Fueron tontos al hacerlo», declaró Trump en el Despacho Oval, minimizando la posibilidad de reanudar las conversaciones y sugiriendo que a él «no le importa» si Canadá retira el impuesto o no.
Una Batalla Global por la Soberanía Fiscal
El conflicto expone una tensión global creciente sobre quién tiene derecho a gravar a las corporaciones multinacionales en la era digital. La decisión de Canadá no es un caso aislado, sino parte de un movimiento de varios países que buscan que los gigantes tecnológicos paguen impuestos por los beneficios que obtienen dentro de sus fronteras.
La reacción de Trump posiciona a Estados Unidos no solo como una nación, sino como el protector de sus campeones corporativos tecnológicos. Transforma una disputa fiscal del siglo XXI en una guerra comercial con tácticas del siglo XX, donde los aranceles son el arma de elección. Este enfrentamiento redefine las reglas del comercio global, con implicaciones que van mucho más allá de la relación entre Washington y Ottawa.
El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, declinó hacer comentarios sobre la noticia, dejando al mundo empresarial y a los consumidores en un estado de incertidumbre sobre la magnitud de los aranceles que se avecinan y el impacto final que tendrán en una economía ya frágil.
