Este fin de semana, Estados Unidos se miró al espejo y vio dos rostros irreconciliables. En Washington D.C., tanques, vehículos blindados y miles de soldados marcharon en una inédita demostración de poderío militar para celebrar el 250º aniversario del Ejército, un evento que coincidió con el cumpleaños del presidente Donald Trump. Al mismo tiempo, en más de 2,000 ciudades y pueblos de los 50 estados, millones de ciudadanos tomaron las calles en un movimiento de protesta masivo bautizado como «No Kings» (Sin Reyes), un grito de desafío contra lo que perciben como el autoritarismo de la administración actual.
Esta dualidad de imágenes —la pompa militar oficialista frente a la rebelión ciudadana— encapsula la profunda división cultural y política que atraviesa a la nación. No fue solo una jornada de protestas; fue una batalla por el alma y los símbolos de Estados Unidos.
Un Movimiento contra el «Autoritarismo»
El movimiento «No Kings», organizado por la coalición 50501 (50 estados, 50 protestas, 1 movimiento), aglutinó un amplio espectro de descontentos. Las protestas fueron un paraguas para diversas causas:
* Contra las políticas migratorias: Las redadas de ICE y la retórica antiinmigrante fueron un catalizador principal, especialmente en ciudades como Los Ángeles.
* Defensa de la democracia: El lema central, «No Kings», es una crítica directa a un presidente al que acusan de actuar más como un monarca que como un líder democráticamente electo.
* Rechazo a la politización del ejército: Muchos manifestantes vieron el costoso desfile militar, criticado incluso por algunos republicanos, como un «espectáculo de ego» y una «vulgar demostración» típica de regímenes autoritarios, no de una democracia.
«La bandera no le pertenece al presidente Trump. Nos pertenece a nosotros. El 14 de junio, aparecemos en todos los lugares donde él no está, para decir no a los tronos, no a las coronas, no a los reyes», declaraba el sitio web del movimiento, en una clara reapropiación de los símbolos patrióticos.
Una Batalla por el Patriotismo
Lo más significativo del movimiento «No Kings» es su estrategia de enmarcar la oposición a Trump no como un acto antipatriótico, sino como la máxima expresión de patriotismo. Al elegir Filadelfia —la cuna de la independencia de EE. UU.— como sede de su manifestación principal y al usar un lema que evoca la lucha contra la monarquía británica, los manifestantes buscaron posicionarse como los verdaderos herederos de los valores fundacionales del país.
Esta táctica crea una poderosa narrativa cultural. Ya no se trata de una simple protesta política, sino de una disputa por la definición misma de «ser estadounidense». ¿El patriotismo reside en la lealtad incondicional a un líder y la exhibición de fuerza militar, o en la defensa de los derechos civiles y el derecho a disentir pacíficamente?
Aunque las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas, se registraron incidentes violentos aislados, como un tiroteo que dejó un herido grave en Salt Lake City y enfrentamientos con la policía en Los Ángeles, lo que subraya la tensión latente en el país.
El fin de semana dejó una imagen imborrable: la de una nación en conflicto consigo misma, debatiendo su presente y su futuro en las calles, con dos visiones de país que parecen, por ahora, completamente irreconciliables.
