Con 16 años y 2.10 metros de altura, Eric Kilburn Jr. no podía encontrar zapatos de su talla (23 de EE. UU.). Su historia se hizo viral, provocando una ola de apoyo que incluyó a la leyenda de la NBA Shaquille O’Neal y a gigantes como PUMA y Under Armour.
Para Eric Kilburn Jr., un adolescente de 16 años de Michigan, un problema tan mundano como comprar zapatos se había convertido en una fuente de dolor crónico y frustración. Con una estatura de 2.10 metros, sus pies miden casi 35 centímetros, lo que equivale a una talla 23 en Estados Unidos, muy por encima del promedio. Durante años, ninguna empresa parecía dispuesta a fabricar calzado a su medida. Desesperada, su madre ideó una estrategia inusual que no solo resolvería el problema de su hijo, sino que también atraería la atención de una leyenda del baloncesto y pondría en marcha un movimiento de bondad.
Un problema de talla mundial: el récord Guinness como estrategia
La vida de Eric estaba marcada por su tamaño excepcional. Además de sus pies, sus manos, de 23.20 centímetros, también establecieron un récord mundial. Pero estos títulos del Libro Guinness de los Récords Mundiales no se buscaron por fama. Fueron un acto de activismo mediático por parte de su madre, Rebecca Kilburn.
Tras ser rechazada por varias compañías de calzado que se negaron a fabricar zapatos personalizados para un estudiante de secundaria, Rebecca pensó que obtener un reconocimiento oficial de Guinness podría generar la atención de los medios necesaria para presionar a las marcas. La estrategia funcionó más allá de sus expectativas. La historia de Eric se volvió viral, y lo que comenzó como una lucha familiar se transformó en una causa comunitaria.
Esta perspectiva cambia la narrativa de una simple «curiosidad» sobre un joven gigante a una historia de empoderamiento familiar. Muestra cómo una madre, enfrentada a la inacción corporativa, utilizó la creatividad y las plataformas mediáticas para encontrar una solución.

Cuando un gigante ayuda a otro: la intervención de Shaquille O’Neal
La noticia llegó a oídos de alguien que entendía el problema de Eric a un nivel personal: la leyenda de la NBA, Shaquille O’Neal, quien calza una talla 22. Shaq no se limitó a un gesto simbólico. Se involucró personalmente. Llamó a Eric varias veces, no solo para ofrecerle ayuda material, sino también para compartir consejos sobre cómo manejar los desafíos físicos y sociales de ser excepcionalmente grande.
Poco después, una caja de Shaq llegó a la casa de los Kilburn. Dentro no solo había zapatos que por fin le quedaban, incluyendo un par de botas de diseño, sino también ropa y otros artículos de primera necesidad. El impacto fue inmediato y profundo.
«Estoy viendo confianza simplemente al poder caminar a la escuela con zapatos nuevos», comentó la madre de Eric, destacando que el regalo de Shaq fue mucho más que material.
El verdadero regalo de Shaquille O’Neal no fueron los zapatos, sino la empatía. Fue la validación de un ícono que le decía a Eric: «No estás solo, yo he pasado por lo mismo».
El efecto viral: PUMA y Under Armour responden
La intervención de Shaq y la creciente atención mediática provocaron una reacción en cadena. Compañías como PUMA y Under Armour, que según los informes iniciales habían sido reacias a ayudar, finalmente respondieron. Ambas marcas se comprometieron a trabajar con Eric para diseñarle y fabricarle zapatos personalizados, asegurando que ya no tendría que sufrir por usar calzado inadecuado.
El hecho de que marcas globales intervinieran después de la presión pública, resalta el poder de una historia viral para generar responsabilidad corporativa.
De recibir ayuda a darla: el futuro de Eric
La historia de Eric Kilburn Jr. no termina con un armario lleno de zapatos nuevos. La ola de bondad que recibió lo inspiró a querer generar el mismo impacto en otros. Ahora, planea involucrarse activamente en The Big Shoe Network, una organización sin fines de lucro fundada por su propia madre para ayudar a otras personas que luchan por encontrar ropa y calzado de tallas grandes.
«Quiero ayudar a la gente de la misma manera que me ayudaron a mí cuando lo necesité», ha declarado Eric, cerrando así un círculo perfecto de generosidad.
Su viaje lo ha transformado de un joven que necesitaba ayuda a un futuro defensor de otros en su misma situación, demostrando que la bondad, cuando se comparte, tiene el poder de multiplicarse.