Walt Disney World es, para muchas familias, el destino soñado. Un lugar donde la magia y la inocencia infantil se entrelazan. Pero el pasado 20 de mayo, ese sueño se transformó en una pesadilla legal para Brandi Asher, una madre de Kentucky de 37 años.
Todo parecía una jornada normal en el “lugar más feliz del mundo”. Brandi, junto con su familia, se disponía a disfrutar del parque, cuando fue interceptada por personal de seguridad en el área del Ticket and Transportation Center. Lo que llamó la atención no fue su comportamiento, sino una lata con objetos sospechosos.
Cuando los agentes le preguntaron qué contenía, ella respondió con aparente ingenuidad: “Son golosinas”. Sin embargo, su nerviosismo levantó aún más sospechas. Pidió que la lata fuera desechada, pero los oficiales insistieron en esperar a la policía.
Una «golosina» que resultó ser metanfetamina
Al abrir la lata, los agentes encontraron sustancias cristalinas y un tubo cilíndrico. La prueba de campo confirmó los temores: 1.5 gramos de metanfetamina, una de las drogas más peligrosas y adictivas del mundo.
Asher explicó que alguien en su hotel, el West Gate Resort de Orlando, le había ofrecido la droga y que pensaba haberla dejado en otra bolsa. Dijo que no había informado a su esposo y que no sabía que aún la llevaba consigo. Pero para la justicia, eso no fue excusa suficiente.
Una advertencia: nunca más volver
Brandi fue arrestada, llevada a un centro de detención y liberada tras pagar una fianza de 5.000 dólares. Como parte del castigo, se le prohibió regresar a Disney World.
Este incidente no fue aislado. Apenas un mes después, el parque volvió a ser escenario de otro arresto: Martha Lucía Zapata Echeverri, una turista española, fue acusada de abuso infantil por presuntamente apartar bruscamente a una adolescente durante un desfile en Magic Kingdom.
Ambos casos recuerdan que, aunque los parques temáticos se diseñan para el entretenimiento familiar, no están exentos de situaciones conflictivas y delitos inesperados.
Disney y su política de cero tolerancia
Disney World ha reforzado sus protocolos de seguridad en los últimos años, incluyendo revisiones más estrictas y presencia de fuerzas del orden en puntos estratégicos. Este tipo de arrestos no solo protegen a los visitantes, sino que envían un mensaje claro: no hay lugar para actividades ilegales, sin importar la apariencia del visitante.
Los turistas deben entender que los estándares de seguridad en estos destinos son altos, y que incluso un “pequeño error” puede tener consecuencias legales y sociales graves.
