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Mérida y las muchas razones para visitarla: Andrea Mendoza
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Mérida y las muchas razones para visitarla: Andrea Mendoza

La travel blogger Andrea Mendoza nos narra la maravillosa experiencia de visitar la linda ciudad de Mérida.

por La Verdad

Mérida y las muchas razones para visitarla: Andrea Mendoza

Mérida y las muchas razones para visitarla: Andrea Mendoza

La travel blogger Andrea Mendoza en su colaboración para laverdadnoticias.com nos comparte uno de sus viajes a una de las más bellas ciudades de México: Mérida, Yucatán.

Llegué a Mérida cuando la tarde estaba a punto de desaparecer, era verdad lo que me advirtieron antes de aterrizar “si te asomas por la ventana verás desde el cielo los hoyos de tierra que están ocupados por cenotes”. El avión descendía y sí, entre los frondosos árboles se distinguían de pronto tonalidades azules acuosas. Con maletas en mano tomé una camioneta que me llevaría a la ciudad que me recibió gloriosa y soleada.

La vida de Mérida está flanqueada por hermosas casas, lo cierto es que el paisaje es una mezcla de construcciones en perfecto estado y algunas otras que parecen abandonadas, sin embargo, son esos contrastes los que agregan encanto al lugar que parece detenido en el tiempo. De la caminata sobrevino el deseo de sumergirme en la gastronomía local, y según lo que me habían recomendado otros viajeros y lo que pregunté a la dueña de una tienda en el centro, la mejor opción era ir a un botanero. Tomando esas recomendaciones como una especie de iniciación, entré a El Tucho. Los botaneros son lugares para probar cocina tradicional yucateca, beber en buenas cantidades y disfrutar de un show que bien puede ser cómico, de danza o de canto.

Casa Velez.

Ya con los ánimos encendidos deambulé un rato más por las calles, otra cosa que no podía faltar para mi recorrido era una marquesita, un postre tradicional parecido a una crepa que se vende en puestos ambulantes. Cuando la noche se apoderó de la ciudad hice una parada en el Parque de Santa Lucía, que está a unos metros de El Tucho. La plaza está rodeada de restaurantes con mesas al aire libre y al centro, a la vista de todos, un escenario da paso a shows de bailes regionales y músicos tradicionales. Si hay algo importante acerca de las plazas es que la mayoría de los parques de Mérida tiene Wi-Fi gratuito, por lo que difícilmente sufrirás por falta de datos. Después de una sopa de lima, dos papadzules, tres danzas y cuatro canciones, decidí, alentada por algunos compañeros de viaje que recién había conocido, conocer la vida nocturna de Mérida.

Casas gemelas.

En grupo caminamos algunas cuadras, la banda sonora de nuestra caminata era la música que emanaba de todos los bares que se cruzaban en nuestro andar. Pronto llegamos al Pipiripau, un bar que regala en cada pared la imagen de algún personaje popular mexicano. Desde Frida Kahlo hasta Chico Che, los muros son un breve recorrido cultural aderezado con las notas de canciones de salsa que suenan toda la noche. Tomamos una mesa entre varios grupos de viajeros tanto extranjeros como mexicanos, desde mi lugar el calor de la vieja casona se sentía bastante agradable y de vez en cuando una brisa de aire se colaba entre el montón de gente.

Francisco Montejo.

Si tenemos que hablar de un día bueno para conocer Mérida, ese día es el domingo. Las calles principales se cierran para el tránsito vehicular, de manera que puedes caminar sin problemas entre las preciosas casas. Dos zonas idóneas para esta labor son el Centro Histórico y el Paseo Montejo, a través de ellas hay muchas cosas qué hacer y ver: puedes rentar una bicicleta, comprar artesanías, comer en puestos ambulantes o ser parte de espectáculos callejeros. Como es costumbre, el calor acecha de manera indiscriminada, para calmarlo yo decidí entrar a El Colón, una de las dulcerías y sorbeterías con más historia en la capital yucateca. La especialidad son los helados de frutas hechos a base de agua, mejor conocidos como sorbetes, pero también tienen un variedad amplia de dulces típicos y pastelitos.

Plaza grande.

Con sorbete de fresa en mano recorrí algunas calles de la ciudad, para mis adentros constantemente repetía que debía volver, y que si bien Mérida es conocida como la Ciudad Blanca, a mí me pareció más como un arcoiris. Ese abanico de oportunidades en el que maridan tradición y diversión. Es muy fácil dejarse llevar por el encanto de la capital yucateca pero si de algo estoy segura es de que es muy difícil desprenderse de su maravilloso ambiente, de la comida y de sus atractivos. Me fui tal cual llegué, con la cabeza asomada por la ventana del avión, observando desde lejos la mezcla de verdes árboles y los pedazos en los que predomina el azul del agua.

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