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Andrea Mendoza nos habla del hotel ícono de Quebec
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Andrea Mendoza nos habla del hotel ícono de Quebec

La travel blogger Andrea Mendoza nos narra todo sobre el hotel Fairmont Château Frontenac de Quebec 

por La Verdad

Andrea Mendoza nos habla del hotel ícono de Quebec

Andrea Mendoza nos habla del hotel ícono de Quebec

La travel blogger Andrea Mendoza Galindo en su colaboración para Turismo de laverdadnoticias.com nos cuenta lo que podremos encontrar si vamos de vacaciones a Quebec, Canadá en especial a hospedarnos en uno de los más lindos lugares que es un palacio-hotel el Fairmont Château Frontenac.

Más de un siglo de memorias se unen en el Fairmont Château Frontenac, un castillo icónico y, al mismo tiempo, una propuesta innovadora que se abre paso apenas pones un pie dentro del hotel. El balance entre clásico y moderno es una constante que demuestra que los polos opuestos se atraen. Este hotel es el único en el mundo que sale en el pasaporte del país en el que se encuentra y en uno de sus billetes. 

El Fairmont Château Frontenac es mucho más que un complejo hospitalario, su estructura es un símbolo del lugar en el que se encuentra: Quebec, Canadá. Un imponente castillo de tonos rojizos y techos verdes se asoma victorioso desde lo alto de la ciudad. Es imposible ignorar la magnificencia del edificio que lleva más de un siglo siendo el lugar más visitado de la Ciudad de Quebec. De un hotel que se ha establecido en lo que fue la fortaleza de un acaudalado, esperaba estructuras viejas y maravillosas, definitivamente, los adjetivos se quedaron cortos. 

La ubicación de Le Château Frontenac es ideal para poder conocer a pie el lugar donde se encuentra. Apenas a unos minutos del castillo está Le Petit Champlain, la calle más vieja y representativa del destino. Hacia el lado opuesto de la vialidad se encuentra una de las entradas de la muralla que solía proteger de invasiones. A su alrededor tiendas, callecitas y monumentos que merecen un buen tiempo de caminata. Y, para iniciar y cerrar cualquier exploración, el mirador que se extiende justo afuera de la inmensa construcción.

Recubrimientos de madera y detalles en dorado fue lo primero que vi al entrar, el lobby es un espacio gigantesco por el que nunca dejan de pasar huéspedes. Ese movimiento de gente que se mezcla entre las tiendas, las escaleras y los sillones es una constante oportunidad de platicar, de intercambiar recomendaciones o incluso de hacer amigos. Algo que tuve muy claro desde que entré fue no confundir clásico con anticuado, el hotel está en constante renovación. Aunque sí, tiene pasillos estrechos, puertas antiquísimas y un aire tradicional, no faltan detalles tecnológicos y diseños de interiores vanguardistas.

Cada amanecer aparece al filo del Río San Lorenzo y cada atardecer se pierde entre las montañas Laurentinas. Las 600 habitaciones tienen vista privilegiada, no hay una que sea menos imponente o discreta. Y aunque los paisajes puedan parecer tentadores para despertar a primera hora de la mañana, las camas de te abrazan como si tuvieran la firme intención de no dejarte salir. Un lugar cómodo al que puedas llegar después de un día de aventuras o el espacio ideal para iniciarlas siempre se agradece, sobre todo si te cuesta trabajo dormir fuera de tu casa. 

Las mañanas no pueden empezar sin una buena dosis de calorías que te despierte, para desayunar está Place Dufferin, un restaurante que se encuentra en el primer piso del hotel que cuenta con una maravillosa vista al Río San Lorenzo. Para comida y cocteles de media tarde, la opción es Le Sam, que tiene menú de almuerzos, platillos para compartir y happy hour. Para la cena, sin embargo, recomiendo el restaurante Champlain, que ofrece al comensal un menú de cocina moderna diseñado meticulosamente por uno de los chefs más famosos de la región, Sthéphane Modat.

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Datos curiosos

  • Las tarifas oscilan entre $309 y $2337 dólares canadienses. 
  • Le Château Frontenac también tiene alberca techada y templada, terrazas para hacer comidas o simplemente para relajarse (abiertas únicamente en verano), spa, un bar de vinos y quesos.
  • El hotel es pet friendly, cada noche tiene un costo extra de $50 dólares canadienses por mascota a menos que se trate de perros guía.
  • El complejo te proporciona un bowl, una cama, una manta y premios. Las mascotas duermen contigo en la habitación.

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