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Cuentos cortos: Fugitivo de su clase social.
Quintana Roo

Cuentos cortos: Fugitivo de su clase social

Lidia Sanciprián es escritora y columnista invitada en LA VERDAD.

Twitter: @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Cuentos cortos: Fugitivo de su clase social.

Cuentos cortos: Fugitivo de su clase social.

No quería estar en  la familia en la que creció. Había siempre un dejó de incomodidad, de ser querido y amado, pero Raúl no sabía cómo pertenecer.

En la niñez poco reflexionaba. Sólo sentía esa incomodidad de domingo por la tarde en donde estaba seguro que faltaba algo, pero nunca sabía qué.

En la adolescencia sentía culpa, sus padres y hermanos querían que estuviera de corazón presente, pero él solo podía estar físicamente, su mente estaba en otros sitios, en los que soñaba con una vida sin limitaciones, imaginaba cómo vivirían aquellos que no tenían presupuestos mensuales para llegar al fin de mes.

En la madurez atinó a ver que aquella sensación; la aprendió de niño, palabras muy simples, le decía su padre.

 

"Tienes que ser exitoso y no quedarte atrás, habrás de volar  alto, podrás ir y hacer todo lo que imaginas, no te quedarás aquí".

 

Aquella sentencia  se sembró en su corazón de niño y le forjó un ego que siempre fue más grande que su capacidad.

 

A pesar de que logró más allá que lo que su familia esperó, nunca pudo alcanzar aquel ego que le recordaba que siempre había algo más lejos, más alto.

 

Se casó tres veces; tuvo 4 hijos y no consiguió ser el esposo o el padre que pensó y  los otros tampoco lograban ser los hijos o las esposas que él esperaba.

 

Muy joven apenas a los 40 sentía que la vida se había ido, y su nombre no le decía a nadie algo grande.

 

Paradójicamente fue su propia familia quien lo programó para que no se ajustara al molde en el que le  tocó nacer,  la virtud era salir para encontrar siempre algo mejor.

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La mañana que le pidió el divorcio a su tercera esposa, se percató como seguía corriendo de los sitios que primero construía, su condena era ser un fugitivo siempre de sus propios mundos.

 

Aquel día salió de su casa y sólo se preguntó, si acaso vivía huyendo del verdadero éxito, que era quedarse donde estaba  y ahí ser feliz.

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