Tecnología muestra la desigualdad digital en México

La tecnología es investigada por cómo la falta de acceso a internet y capacitación sigue profundizando la brecha social en distintas regiones

Tecnología muestra la desigualdad digital en México
Reportaje expone cómo la desigualdad digital deja fuera a millones de mexicanos del acceso a educación, empleo y servicios básicos

La tecnología ha sido durante décadas una palabra que promete futuro, pero también una puerta cerrada para millones de personas. En México, su acceso ha estado concentrado en sectores privilegiados, creando una división silenciosa que no sólo separa a quienes pueden conectarse de quienes no, sino que condiciona posibilidades, aspiraciones y trayectorias de vida completas. Desde esta premisa parte la reflexión de Martín Yeshuá Barragán Cruz, quien observa cómo la tecnología ha dejado de ser únicamente una herramienta para convertirse en una frontera social.

Durante años, la tecnología fue asociada con progreso automático. Se asumió que su simple presencia generaría desarrollo por inercia. Sin embargo, la realidad mostró otro rostro. El crecimiento fue desigual, los beneficios se concentraron y la brecha digital se amplió al mismo ritmo que avanzaban las plataformas, los algoritmos y la digitalización de trámites, servicios y empleos.

El origen de un planteamiento social

La tecnología no aparece en el discurso de Barragán Cruz como un objeto frío, sino como un fenómeno cargado de emoción. Habla desde la experiencia acumulada en centros de datos, proyectos de contacto y estructuras corporativas donde observó la diferencia abismal entre quienes diseñan soluciones y quienes quedan fuera de su alcance.

En ese recorrido profesional, la tecnología dejó de ser únicamente infraestructura para convertirse en espejo social. De un lado, empresas capaces de automatizar procesos complejos; del otro, comunidades enteras sin acceso a internet, sin capacitación básica y sin posibilidad de competir en un entorno cada vez más digitalizado.

La brecha que creció en silencio

La tecnología en las grandes ciudades se convirtió en un servicio casi cotidiano. Aplicaciones, plataformas educativas, banca digital, comercio electrónico y trámites en línea se integraron a la rutina. Pero en zonas rurales y regiones marginadas, esa realidad aún parece lejana.

El acceso desigual a la tecnología no solo limita el consumo de servicios, también restringe el derecho a la información, la educación continua, la capacitación laboral y la participación cívica. La exclusión digital no es un problema aislado: es una cadena que se extiende hacia la economía, la movilidad social y la construcción de ciudadanía.

El libro como punto de inflexión

La tecnología ocupa el centro del libro presentado por Barragán Cruz como una propuesta de reflexión profunda. La obra se estructura en cuatro capítulos que permiten entender por qué el rezago digital no es un accidente, sino una consecuencia directa de políticas incompletas, prioridades fragmentadas y una visión limitada sobre el desarrollo.

Desde el contexto histórico hasta los retos futuros, la tecnología se analiza como un fenómeno político, social y económico. No se trata sólo de computadoras, redes o plataformas, sino de poder, distribución de oportunidades y control de la información.

Políticas públicas y una deuda pendiente

La tecnología aparece también como un desafío para el Estado. Las promesas de digitalización universal suelen chocar con realidades contundentes: millones de personas sin servicios básicos, sin educación formal y mucho menos sin acceso a conectividad estable.

Hablar de digitalización total mientras amplios sectores carecen de condiciones mínimas revela una contradicción estructural. La tecnología no puede convertirse en discurso de inclusión si antes no existe un entorno que garantice su uso efectivo. De lo contrario, se convierte en un privilegio que refuerza la desigualdad.

Educación como base de transformación

La tecnología, cuando se introduce sin formación, genera dependencia en lugar de autonomía. Por eso el enfoque educativo ocupa un eje fundamental dentro de la propuesta. No basta con llevar equipos o conexión; es indispensable formar usuarios críticos, técnicos especializados y ciudadanos capaces de comprender el impacto del entorno digital.

La alfabetización digital no es únicamente aprender a usar aplicaciones, sino entender cómo se gestionan los datos, cómo operan los sistemas y de qué manera se construye la información que circula en redes. Sin ese conocimiento, la tecnología se convierte en una herramienta opaca.

La idea de una burbuja digital nacional

Uno de los planteamientos más ambiciosos es la creación de una burbuja digital autónoma. La tecnología deja de verse como un servicio exterior y se piensa como un ecosistema propio. La propuesta busca que los datos de los ciudadanos permanezcan dentro del territorio nacional y bajo resguardo del Estado.

Este enfoque introduce el concepto de soberanía de la información, donde la tecnología deja de depender totalmente de infraestructuras extranjeras. La administración de datos se convierte así en un asunto de seguridad, gobernanza y derechos digitales.

Infraestructura, datos y especialistas

La tecnología no puede sostenerse sin capital humano. La propuesta incluye una estrategia académica orientada a formar especialistas capaces de administrar, desarrollar y proteger los sistemas digitales del país.

No se trata sólo de centros de datos, sino de universidades, marcos jurídicos, regulación clara y colaboración entre sector público y privado. La tecnología requiere reglas, vigilancia y responsabilidad compartida para que su impacto sea verdaderamente social.

El empresariado y el equilibrio necesario

La tecnología ha crecido impulsada en gran medida por la iniciativa privada. El reto, según el planteamiento, no es desplazarla, sino integrarla bajo reglas claras. El empresariado puede ser un aliado del desarrollo digital siempre que exista una supervisión que evite la concentración excesiva de poder y datos.

Aquí la tecnología se entiende como un espacio de corresponsabilidad, donde el Estado regula, la academia forma y la iniciativa privada innova bajo un esquema de beneficio colectivo.

Un proceso progresivo y posible

La tecnología también tiene una ventaja esencial: su crecimiento puede ser gradual. La construcción de soberanía digital no ocurre de un día para otro. Requiere fases, inversión constante y visión de largo plazo.

Redes, satélites, centros de datos y capacitación pueden avanzar de manera escalonada. La tecnología permite ese crecimiento progresivo sin colapsar estructuras existentes, siempre que exista una planeación coherente.

Un país redefinido desde lo digital

La tecnología, entendida como medio de emancipación social, redefine el concepto de desarrollo. Ya no se trata sólo de crecimiento económico, sino de acceso al conocimiento, participación ciudadana y construcción de autonomía colectiva.

Cerrar la brecha digital no implica únicamente distribuir dispositivos, sino transformar estructuras que durante décadas favorecieron la concentración del acceso. La tecnología se convierte así en un factor de democratización profunda.

De la indignación a la propuesta

La tecnología que indigna por su desigualdad también puede convertirse en motor de cambio. El libro no se construye desde la queja, sino desde la propuesta. Frente a la polarización, se plantea la suma de iniciativas, la construcción de alternativas y la responsabilidad compartida.

El discurso deja atrás la simple denuncia para avanzar hacia la creación de modelos viables que permitan que la tecnología deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho funcional.

El futuro que todavía se puede construir

La tecnología no está escrita en piedra. Su rumbo depende de las decisiones colectivas, de la regulación, de la inversión educativa y de la visión política. México aún se encuentra en un punto donde el rumbo puede redefinirse.

El acceso equitativo a la tecnología puede convertirse en una de las bases más sólidas para cerrar desigualdades históricas. No como promesa, sino como estructura real de transformación.

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