La idea de que Estados Unidos adquiera Groenlandia ha resurgido con fuerza en debates geopolíticos. Expertos estiman que comprar Groenlandia podría ascender a 700 mil millones de dólares. Esta cifra supera la mitad del presupuesto anual del Departamento de Defensa de EE.UU.
El territorio autónomo de Dinamarca alberga solo 56 mil habitantes, pero su valor radica en su posición estratégica en el Ártico. Recursos minerales, rutas marítimas emergentes por el derretimiento del hielo y bases militares lo convierten en un premio codiciado. Ante el avance de China y Rusia, Washington ve en Groenlandia una necesidad de seguridad nacional.
Autoridades danesas y groenlandesas han rechazado categóricamente cualquier venta. Sin embargo, el interés estadounidense persiste, impulsado por figuras políticas que no descartan opciones extremas.
Tensiones diplomáticas por Groenlandia en el Ártico
Recientemente, una reunión en la Casa Blanca entre representantes de EE.UU., Dinamarca y Groenlandia terminó sin acuerdo. El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio se reunieron con el ministro danés Lars Løkke Rasmussen y la groenlandesa Vivian Motzfeldt.
La discusión duró 50 minutos y, aunque se describió como franca, las posiciones siguen enfrentadas.
Dinamarca respondió incrementando su presencia militar en Groenlandia. Anunciaron maniobras con aliados de la OTAN, incluyendo Alemania, Francia, Suecia y Noruega. Este despliegue busca contrarrestar las tensiones crecientes en el Ártico, donde el cambio climático abre nuevas oportunidades y riesgos.
Para más detalles sobre la estrategia ártica de la OTAN, consulta análisis especializados. Estas acciones reflejan cómo comprar Groenlandia ha escalado a un conflicto diplomático-militar.
Alternativas a comprar Groenlandia para EE.UU.
Frente al rechazo a comprar Groenlandia, surge la opción de un pacto de libre asociación. EE.UU. ya tiene acuerdos similares con las Islas Marshall y los Estados Federados de Micronesia.
Bajo este modelo, Washington proporcionaría asistencia financiera a cambio de mayor control sobre la seguridad en la isla.
Este pacto costaría menos que los 700 mil millones estimados para una compra total. Permitiría bases militares y vigilancia estratégica sin soberanía plena. Sin embargo, Dinamarca insiste en que Groenlandia no está en venta, priorizando su autonomía.
Expertos destacan los desafíos económicos. El PIB de Groenlandia ronda los 3 mil millones de dólares anuales, dependiente de subsidios daneses por unos 500 millones. Una transacción masiva requeriría compensaciones generosas para la población inuk y compensar recursos perdidos.
Implicaciones geopolíticas de Groenlandia
Comprar Groenlandia alteraría el equilibrio en el Ártico. Rusia y China han incrementado su presencia, con bases y exploraciones mineras. EE.UU. busca contrarrestar esto mediante control territorial, argumentando defensa nacional.
Históricamente, en 1946, EE.UU. ofreció 100 millones de dólares, rechazados por Dinamarca. Hoy, la cifra se multiplica por inflación y valor estratégico. Según análisis de NBC News, citados por académicos y exfuncionarios, los 700 mil millones cubren compensaciones, infraestructura y desarrollo.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar regula reclamos árticos, pero no impide acuerdos bilaterales. Un grupo de trabajo de alto nivel, anunciado tras la reunión, continuará las conversaciones.

Desafíos económicos y legales para adquirir Groenlandia
Evaluar comprar Groenlandia implica costos ocultos. Desarrollar infraestructura en un clima extremo suma miles de millones. Recursos como tierras raras, vitales para tecnología, justifican la inversión a largo plazo.
Legalmente, como territorio autónomo, requiere aprobación de su parlamento. Dinamarca retiene control sobre defensa y política exterior, complicando cualquier negociación. Cualquier uso de fuerza militar, mencionado en debates, violaría tratados internacionales.
En resumen, aunque inviable políticamente, comprar costaría al menos 700 mil millones. Alternativas como pactos asociativos ofrecen un camino pragmático. Las tensiones persisten, con Europa fortaleciendo su presencia para disuadir ambiciones estadounidenses.
En el contexto de las crecientes rivalidades globales, comprar no solo representa un desafío financiero para EE.UU., sino un punto de inflexión en la gobernanza ártica. Mientras Dinamarca refuerza alianzas OTAN y Rusia expande su flota polar, la isla emerge como clave para la supremacía tecnológica futura.
Negociaciones futuras podrían inclinarse hacia modelos híbridos de cooperación, evitando confrontaciones directas y fomentando estabilidad regional ante el cambio climático acelerado.