La ciclosporiasis es una infección intestinal provocada por el parásito Cyclospora cayetanensis, que puede llegar al organismo cuando una persona consume alimentos o agua contaminados con materia fecal. La enfermedad afecta principalmente al sistema digestivo y puede provocar diarrea acuosa, dolor abdominal y pérdida de peso.
El contagio no suele producirse directamente entre personas, ya que el parásito necesita permanecer en el ambiente durante un periodo antes de volverse infeccioso. Por ello, la contaminación de alimentos frescos y fuentes de agua representa una vía importante de transmisión.
En julio de 2026, autoridades sanitarias de Estados Unidos investigan un brote de ciclosporiasis relacionado epidemiológicamente con lechuga iceberg triturada. La FDA señaló que la investigación apunta a producto procedente de México y que la distribución alcanzó distintos estados estadounidenses.
¿Qué alimentos pueden transmitir la ciclosporiasis?
Diversos brotes registrados en Estados Unidos de ciclosporiasis han sido asociados con frutas y verduras frescas. Entre los productos identificados en investigaciones anteriores se encuentran las frambuesas, la albahaca, el cilantro, el perejil, el brócoli, los chícharos chinos y otras verduras de hoja verde.
Las lechugas y ensaladas listas para consumir requieren especial atención, debido a que suelen comerse crudas y no pasan por un proceso de cocción que reduzca o elimine el parásito. La investigación vigente en Estados Unidos también ha puesto el foco en la lechuga iceberg triturada.
Las hierbas frescas, como cilantro, albahaca y perejil, también han estado vinculadas con brotes anteriores. Asimismo, las frambuesas y otros productos frescos pueden representar un riesgo cuando se contaminan durante su producción, manejo, distribución o preparación. La contaminación puede ocurrir cuando productos agrícolas entran en contacto con agua o materiales contaminados. La FDA señala que el parásito puede llegar a frutas y verduras frescas mediante condiciones sanitarias deficientes y fuentes de agua contaminadas.
¿Qué agua puede transmitir el parásito?
Una persona puede infectarse al consumir agua contaminada con Cyclospora cayetanensis. El riesgo puede presentarse cuando el líquido entra en contacto con alimentos durante su cultivo, lavado o preparación y posteriormente se ingiere sin un tratamiento adecuado.
Por esta razón, durante viajes a regiones tropicales o subtropicales donde la ciclosporiasis es más frecuente, las autoridades sanitarias recomiendan extremar las precauciones con el agua y los alimentos que podrían estar contaminados con materia fecal.
Entre los síntomas más comunes se encuentra la diarrea acuosa y frecuente, que en ocasiones puede ser intensa. También pueden aparecer cólicos, dolor abdominal, inflamación, gases, náuseas, fatiga, pérdida de apetito y peso, además de vómito, dolor corporal o fiebre.
Sin tratamiento, la enfermedad puede durar desde varios días hasta más de un mes y presentar recaídas. La deshidratación es una de las principales complicaciones, por lo que es importante buscar atención médica ante síntomas persistentes o intensos. Para reducir riesgos, se recomienda mantener una adecuada higiene de manos y manipular correctamente frutas y verduras. Sin embargo, la FDA advierte que el cloro y otros tratamientos antimicrobianos químicos comunes no se consideran efectivos contra Cyclospora cayetanensis.
Si una persona presenta diarrea persistente después de consumir alimentos potencialmente contaminados, debe consultar a un profesional de la salud. La ciclosporiasis es tratable y el diagnóstico médico permite determinar el tratamiento adecuado. La ciclosporiasis puede prevenirse con medidas básicas de higiene y cuidado al consumir alimentos frescos.
Aunque identificar el origen de una contaminación no siempre es sencillo, lavar frutas y verduras con agua corriente, mantener limpias las superficies de preparación y extremar precauciones al viajar son acciones importantes. Ante diarrea persistente, dolor abdominal intenso o signos de deshidratación, es fundamental buscar atención médica. Un diagnóstico oportuno permite confirmar la infección y recibir el tratamiento adecuado para evitar complicaciones y favorecer una recuperación segura.
