El mundo de los deportes virales acaba de cruzar una peligrosa línea. Lo que comenzó como un desafío callejero en TikTok hoy se ha convertido en una práctica globalmente cuestionada: Runit. El nombre deriva del grito con el que arranca cada encuentro: «Run it straight!». El mecanismo es simple, pero devastador: dos personas corren una hacia la otra con el único fin de colisionar de frente, como una versión extrema del rugby sin balón, sin protección y sin normas.
La alarma se encendió tras la trágica muerte de Ryan Satterthwaite, un joven de 19 años de Nueva Zelanda, durante uno de estos encuentros informales. La colisión fue tan fuerte que le provocó una lesión cerebral fatal. El caso, confirmado por la policía local, ha llevado a médicos, neurólogos y organizaciones sociales a exigir su prohibición inmediata.
Runit: de TikTok a los hospitales
Aunque surgió como un reto viral, Runit ha ganado tracción como una subcultura deportiva en países como Australia y Nueva Zelanda, donde incluso existen torneos organizados, como el polémico Runit Championship League. Pero la mayoría de las veces, se practica en calles, parques o playas, sin ninguna supervisión ni equipo médico, y con la única motivación de ganar fama, likes o dinero rápido.
La doctora Helen Murray, especialista en neurociencia, advierte que estos impactos pueden derivar en encefalopatía traumática crónica (CTE), una condición neurodegenerativa vinculada a colisiones repetidas, muy común en exjugadores de fútbol americano y boxeo.
“Es un espectáculo de autodestrucción. La exposición repetida a estos impactos cambia literalmente la estructura cerebral. Estamos viendo cómo se normaliza el daño neurológico”, asegura Murray.
¿Un deporte o un acto de violencia pública?
Desde organizaciones como Headway, que apoyan a personas con daño cerebral, califican Runit como una “práctica inaceptable”. La preocupación no solo es médica. Juristas y defensores de derechos humanos alertan sobre la exposición de jóvenes a situaciones de riesgo extremo, muchas veces incentivados por promesas económicas, redes sociales o presión de grupo.
En palabras de Tom Jennings, portavoz de Headway:
“Estamos ante un fenómeno que desdibuja la frontera entre deporte y violencia. Lo alarmante es que los gobiernos aún no reaccionan con firmeza.”
La expansión global del Runit y el vacío legal
Aunque ya se han registrado lesiones graves en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, las plataformas como TikTok, Instagram y YouTube Shorts siguen siendo el principal motor de su expansión. Los videos se viralizan por la espectacularidad de los impactos, y los comentarios aplauden la “valentía” de los participantes. Sin embargo, la falta de filtros y advertencias en estos contenidos permite que adolescentes imiten la práctica sin comprender sus riesgos.
Mientras tanto, países como Arabia Saudí ya están planificando eventos oficiales de Runit, y algunas marcas deportivas incluso han mostrado interés en patrocinios. La polémica está servida.
¿Qué dicen los expertos y qué pueden hacer los padres?
Frente al auge de esta práctica, especialistas en salud pública recomiendan campañas informativas urgentes, normativas específicas para redes sociales y acciones legales contra quienes promuevan eventos no autorizados. Para los padres, la clave está en educar, dialogar y monitorear el uso que sus hijos hacen de las plataformas digitales.
“Más que prohibir, hay que informar. Los jóvenes deben saber que una colisión mal calculada puede dejarlos en coma o incluso costarles la vida”, afirma el psicólogo deportivo Álvaro Nieto.
Runit no es solo una moda peligrosa, es un llamado de emergencia
Lo que hoy parece un reto más en redes podría convertirse en una crisis de salud pública juvenil si no se toman medidas. La historia de Ryan Satterthwaite no puede convertirse en una más entre muchas. El Runit no es deporte, es una lotería de lesiones. Y por ahora, el mundo no está preparado para asumir sus consecuencias.
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