El sismo en Venezuela volvió a mostrar la fuerza de la naturaleza y, al mismo tiempo, la capacidad humana para aferrarse a la vida. Desde hace casi una semana, Hernán Gil permanece atrapado bajo los escombros de un edificio colapsado en Catia La Mar, estado La Guaira, donde decenas de especialistas libran una carrera contrarreloj para rescatarlo con vida.
Los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 devastaron parte de la región y provocaron el derrumbe del inmueble donde Gil trabajaba como portero, un oficio que, según relatan sus vecinos, heredó de su padre. Lo que parecía una tragedia sin salida terminó convirtiéndose en una historia de resistencia que mantiene en alerta a Venezuela y a la comunidad internacional.
Más de 100 rescatistas participan en un operativo que supera las 50 horas continuas tras el sismo. Equipos provenientes de Venezuela, Portugal, Chile, Estados Unidos y personal apoyado por la Cruz Roja trabajan cuidadosamente para evitar que un movimiento en falso provoque un nuevo colapso.
De acuerdo con un portavoz de la Cruz Roja de Costa Rica, Hernán Gil permanece en un paso subterráneo, dentro de una caseta de seguridad que quedó protegida pese al derrumbe. Sobre ese punto descansan alrededor de 140 toneladas de escombros, por lo que el acceso representa un enorme desafío técnico.
La operación por el sismo Venezuela entra en una fase crítica
Con el paso de los días del sismo, las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen considerablemente después de un terremoto. Sin embargo, el caso de Gil continúa alimentando la esperanza gracias a que los equipos de rescate mantienen contacto permanente con él.
Los especialistas confirmaron que el venezolano recibe hidratación y medicación mientras esperan abrir un acceso completamente seguro. El principal obstáculo no es únicamente retirar el concreto, sino hacerlo sin comprometer la estabilidad del espacio donde permanece resguardado.
Uno de los rescatistas portugueses explicó que el operativo avanza lentamente porque cada metro recorrido aumenta el riesgo para todos los involucrados en el rescate tras el sismo. Por ello, los equipos han decidido utilizar herramientas manuales y un escáner sónico para localizar con mayor precisión el mejor punto de acceso.
Durante la jornada más reciente también se replanteó la estrategia de rescate. Los especialistas buscan una nueva ruta hacia la caseta donde se encuentra Gil, ya que introducir maquinaria pesada podría provocar un colapso adicional en la estructura dañada.
Frente al edificio permanece Gusbimar González, esposa de Hernán Gil. Desde las primeras horas posteriores al sismo no se ha alejado del lugar, siguiendo minuto a minuto las actualizaciones que le entregan los rescatistas sobre el estado de su esposo.
Una historia de supervivencia que mantiene viva la esperanza
Voluntarios de la Cruz Roja venezolana consideran que la pequeña garita de seguridad donde trabajaba Gil fue determinante para salvarle la vida. Esa estructura absorbió parte del impacto del edificio y creó un espacio que hoy permite mantenerlo con vida mientras continúa el rescate tras el sismo.
Su caso recuerda que, incluso cuando las probabilidades parecen reducirse con el paso del tiempo, existen historias extraordinarias de supervivencia tras grandes desastres naturales. Cada hora resulta decisiva para quienes trabajan entre montañas de concreto intentando alcanzar a las víctimas.
Según el balance más reciente del Ejecutivo venezolano, los terremotos dejaron al menos 2 mil 295 personas fallecidas, 11 mil 267 heridas y 6 mil 461 rescatadas. La Organización de las Naciones Unidas informó además que entre 2 mil 500 y 3 mil rescatistas extranjeros colaboran en las labores de emergencia coordinadas sobre el terreno.
Mientras el tiempo sigue avanzando, la operación para liberar a Hernán Gil continúa siendo una de las imágenes más conmovedoras del desastre. Su resistencia bajo los escombros representa un símbolo de esperanza para cientos de familias que aún esperan noticias de sus seres queridos y para los rescatistas que se niegan a rendirse.
