Japón exige a OpenAI dejar de usar anime y Ghibli en su IA

Japón exige a OpenAI dejar de usar anime y Ghibli en su IA
Japón exige a OpenAI dejar de usar anime y Ghibli en su IA

La revolución de la inteligencia artificial generativa ha traído consigo una ola de innovación, pero también una creciente tensión entre la tecnología y la creatividad humana. En el centro de este conflicto está OpenAI, liderada por Sam Altman, cuyo éxito con ChatGPT y la reciente Sora 2, su plataforma de video generativo, la ha convertido en una potencia global.

Sin embargo, mientras Estados Unidos apuesta todo por la IA, Japón ha dicho basta. En una carta abierta, la Asociación de Contenidos en el Extranjero (CODA) —que representa a gigantes como Studio Ghibli, Square Enix y Kadokawa— pidió a OpenAI que deje de utilizar material protegido por copyright japonés para entrenar sus modelos.

El arte de Ghibli, en el ojo de la tormenta

El conflicto no es nuevo. Desde que los usuarios comenzaron a crear imágenes “al estilo Ghibli” con ChatGPT, la comunidad artística japonesa expresó su indignación. El propio Hayao Miyazaki, legendario director de Ghibli, calificó la IA como “un insulto a la vida misma”.

Lo que comenzó como un experimento viral terminó exponiendo un problema global: los modelos de inteligencia artificial se alimentan de contenido protegido sin consentimiento.

Con Sora 2, la polémica se intensificó. La herramienta permite generar videos realistas y animaciones con simples comandos de texto, pero muchos de sus resultados imitan abiertamente estilos de anime y personajes japoneses, sin créditos ni autorización.

CODA lanza un ultimátum

En su declaración, CODA fue contundente:

“Una gran porción del contenido producido por Sora 2 tiene un gran parecido con obras japonesas protegidas”.

Además, la organización recordó que el método de entrenamiento de OpenAI viola las leyes de propiedad intelectual de Japón.

Aunque OpenAI respondió con restricciones que limitan el uso de personajes con copyright, las empresas japonesas consideran la medida insuficiente. Japón ya había expresado su preocupación meses atrás, cuando su Ministro de Estrategia de Propiedad Intelectual calificó al anime y al manga como “tesoros irremplazables del orgullo nacional”.

La visión opuesta entre dos potencias

Mientras Estados Unidos impulsa la expansión de la inteligencia artificial como el futuro de la economía digital, Japón defiende su patrimonio cultural con firmeza. En contraste con la postura abierta de empresas como Microsoft o Meta, que ven en la IA la próxima frontera creativa, el enfoque japonés prioriza la ética y la protección del arte humano.

La carta de CODA podría marcar el inicio de una nueva era de regulación global del entrenamiento de IA, especialmente en industrias donde la creación artística y la propiedad intelectual son pilares económicos.

Un equilibrio necesario

El caso OpenAI-Japón abre una conversación crucial: ¿puede la inteligencia artificial coexistir con el arte sin apropiarse de él? La respuesta determinará el futuro de la IA generativa en el entretenimiento, un terreno donde los límites entre inspiración y copia se difuminan cada día más.

Por ahora, Japón ha dejado claro su mensaje: la innovación no puede construirse sobre la creatividad ajena.

Salir de la versión móvil