Death Stranding 2 Review: la secuela continuista de Kojima que impacta sin reinventarse


Una experiencia que mantiene su esencia y profundiza en su universo

Más que un juego, es una experiencia interactiva que apela a las emociones, la paciencia y el deseo de exploración. En esta segunda entrega, Hideo Kojima se mantiene fiel a la fórmula original y ofrece un mundo donde la soledad, la conexión y el viaje son protagonistas.

Quienes jugaron el primer Death Stranding encontrarán aquí un terreno conocido: misiones de entrega, rutas largas, enemigos misteriosos y una historia cargada de simbolismo. Pero también verán cómo esta secuela expande la propuesta con nuevos escenarios, más acción y personajes que amplían el rico universo narrativo.

Más allá del gameplay: un viaje emocional y filosófico

Aunque muchos lo catalogan como un walking simulator, lo cierto es que Death Stranding 2 combina múltiples géneros: desde shooter de mundo abierto hasta sigilo estratégico y simulador de logística. Este enfoque híbrido es, precisamente, lo que lo hace tan único y a la vez controvertido.

En esta ocasión, encarnamos nuevamente a Sam Porter Bridges, un repartidor solitario cuya misión es conectar México y Australia a la red quiral, el nuevo sistema de comunicación global tras el apocalipsis del «death stranding». A lo largo del camino enfrentaremos entidades varadas (CV), humanos hostiles, climas extremos y terrenos imposibles.

El juego propone una experiencia introspectiva, donde el jugador no solo enfrenta peligros externos, sino también sus propias emociones. El peso de cada entrega, el silencio de los paisajes y los pequeños triunfos cotidianos refuerzan la sensación de estar solo en un mundo roto, pero con una meta que vale la pena.

No es para todos: una propuesta que desafía las expectativas

Desde su primera entrega, Kojima dejó claro que Death Stranding no busca ser un juego convencional. Y esta secuela no cambia esa dirección. Aunque comienza con más ritmo y evita las largas introducciones de su predecesor, sigue siendo un título de avance lento, donde la historia se descubre a través de largos trayectos y escenas extensas.

Para los nuevos jugadores, puede ser una barrera de entrada difícil, especialmente si se busca acción constante o recompensas inmediatas. La repetición de mecánicas —llevar paquetes, esquivar enemigos, planificar rutas— puede parecer monótona si no se comprende su objetivo: el viaje como metáfora de la conexión humana.

En cambio, quienes ya disfrutaron el primer juego encontrarán una continuidad profunda y fiel. Con entornos más variados, nuevas mecánicas de construcción, mejores opciones de combate y un nivel gráfico notable, Death Stranding 2 perfecciona lo ya establecido, sin traicionar su identidad.

Una historia que se expande sin perder el alma

La narrativa retoma poco después del final del primer juego. Sam vive en el sur de la UCA (Estados Unidos reconectado) junto a Lou, el infante que lo acompaña desde la primera entrega. Pero pronto se ve obligado a volver al camino tras un evento decisivo. Fragile, su antigua aliada, le pide ayuda para llevar la red quiral a otros continentes, lo que lo lleva a cruzar el océano hasta Australia.

En el camino, el jugador se encontrará con nuevos personajes como Rainy, Tomorrow y Niel, que aportan historias cargadas de emoción, misterios y vínculos con el pasado de Sam. La narrativa no solo se enfoca en los hechos, sino en la dimensión emocional de la conexión, una constante en el trabajo de Kojima.

La ciencia ficción vuelve a ser vehículo de reflexión filosófica, con conceptos como la red quiral, los seres varados o los «puentes» entre dimensiones. Más que entender todo de forma racional, el juego invita a vivir su mundo, aceptar su lógica y dejarse llevar por su ritmo.

El legado de Hideo Kojima en una industria saturada

En tiempos donde los juegos apuestan por las sobremonetizaciones, las fórmulas repetidas y los argumentos genéricos, Death Stranding 2 representa una declaración de principios. No es perfecto: hay diálogos extensos, escenas previsibles y una dificultad a veces mal calibrada. Pero su valor reside en su autenticidad.

Kojima, uno de los creadores más influyentes de la industria, demuestra que aún se puede hacer arte con un videojuego. Su visión no busca complacer a todos, sino generar una reacción, provocar una sensación. Y en eso, esta entrega lo logra.

Death Stranding 2 no reinventa la rueda, pero la refuerza con cuidado. Su continuismo no es pereza creativa, sino convicción artística. Y aunque muchos jugadores podrían no conectar con su propuesta, quienes se dejen llevar encontrarán una experiencia que deja huella.


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Ian Israel Cabrera Navarro es un talentoso creador de contenido digital y profesional de la comunicación. Con 24 años y más de cuatro de experiencia, se especializa en locución, redacción de guiones para materiales audiovisuales y edición de video de alto nivel. Su enfoque claro, preciso y su compromiso con la calidad se reflejan en cada proyecto, posicionándolo como un creador que entiende y satisface las necesidades de su audiencia. Con un excelente dominio del inglés, habilidades sociales destacadas, facilidad para la oratoria y destreza en herramientas digitales, Ian es un activo invaluable para La Verdad Noticias, siempre en constante evolución y con la ambición de seguir creciendo en el ámbito de los medios digitales.
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