Empezó con una crítica en YouTube y terminó en la conferencia presidencial. La guerra entre la grafóloga Maryfer Centeno y el influencer Mr. Doctor es el retrato perfecto de la cultura digital tóxica: egos, violencia verbal y una batalla por la narrativa que se volvió asunto de Estado.
Lo que parecía una simple disputa entre dos personalidades de internet se transformó en un escándalo de proporciones nacionales. El enfrentamiento entre la grafóloga Maryfer Centeno y el médico influencer Octavio Arroyo, mejor conocido como Mr. Doctor, ha dejado al descubierto la fragilidad de la fama digital, el poder de la narrativa y cómo una guerra de egos puede escalar hasta los más altos niveles del poder político.
El origen del conflicto: “Charlatanería” contra “violencia digital”
Todo comenzó cuando Mr. Doctor, en su canal de YouTube, calificó la grafología, profesión de Centeno, como «charlatanería». La crítica, aunque dura, podría haberse quedado en el ámbito del debate profesional. Sin embargo, el conflicto se personalizó y se tornó violento. Mr. Doctor utilizó insultos como “perra” y “charlatana”, lo que le dio a Centeno la munición perfecta para cambiar el marco de la discusión.
Centeno, astutamente, no respondió a la crítica sobre su profesión. En su lugar, demandó a Arroyo por difamación, amenazas, discriminación y violencia digital. Al centrarse en los insultos de género, transformó un debate sobre la validez de la grafología en un caso de violencia misógina en línea, un terreno mucho más fértil para la simpatía pública y las acciones legales. Ambos influencers, expertos en monetizar la controversia, convirtieron su pleito en su principal fuente de contenido, alimentando a sus audiencias con cada nuevo capítulo del drama.
La escalada: De los tribunales al Palacio Nacional
La disputa alcanzó su clímax cuando fue mencionada en la conferencia de prensa matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien hizo un llamado al respeto y a «elevar el nivel» del debate. Este momento catapultó el escándalo de un nicho de internet a la conversación nacional, evidenciando la creciente influencia de los creadores de contenido en la agenda pública.
El desenlace fue una victoria contundente para Centeno. Para evitar mayores consecuencias legales y reputacionales, Mr. Doctor se vio obligado a emitir una disculpa pública. En un comunicado, admitió que su lenguaje fue «violento», «hiriente» y «completamente fuera de lugar». Como parte del acuerdo, también tuvo que retirar de su canal los videos que Centeno consideraba más ofensivos.
Este caso sienta un precedente crucial para los conflictos en la era digital. Demuestra que la batalla no se gana con la verdad absoluta, sino con el control de la narrativa. Mr. Doctor perdió la guerra no porque se demostrara que la grafología es una ciencia, sino porque fue exitosamente etiquetado como un agresor misógino. La disculpa forzada es la rendición en una guerra donde la percepción lo es todo.
