
El Príncipe de las Tinieblas baja el telón
La noche que marcó el adiós definitivo al Príncipe de las Tinieblas fue más que un concierto: fue un ritual, una despedida ceremonial donde los dioses del rock abrazaron por última vez a su emisario más oscuro. Ozzy Osbourne, fundador y vocalista de Black Sabbath, falleció a los 76 años, acompañado por su familia, después de años de lucha contra el Parkinson.
Apenas semanas antes, ofreció un concierto de despedida en su ciudad natal, Birmingham. Desde un trono satánico confeccionado especialmente para él, cantó su último Paranoid rodeado de estrellas como Metallica, Pantera, Guns N’ Roses y Tom Morello. Aquel escenario se convirtió en una catedral pagana, donde miles de seguidores lloraron y celebraron al mismo tiempo.
“I love you”, gritó Ozzy. Y todos supieron que era la última vez.
De leyenda viviente a inmortal del rock
Ozzy no solo fue una figura del heavy metal; fue su alma. En 1970, con el lanzamiento del álbum Black Sabbath, nació un sonido que definiría a generaciones enteras. Con canciones como Iron Man, War Pigs o Children of the Grave, el grupo forjó una estética sonora y visual que mezclaba el horror, la oscuridad y la rebeldía.
A pesar de las críticas, el público los abrazó con devoción. Ozzy se convirtió en ícono global no solo por su música, sino por sus excesos: desde morder la cabeza de un murciélago hasta orinar sobre un cenotafio. Un símbolo viviente de que el rock era irreverencia, visceralidad y pasión sin filtros.
El lado humano del demonio del metal
Nacido como John Michael Osbourne en 1948 en una familia trabajadora, su niñez estuvo marcada por la dislexia y el abandono escolar. Pero su destino cambió al escuchar a The Beatles. Decidido a ser una estrella, encontró en el guitarrista Tony Iommi el socio perfecto para transformar el blues en algo aterrador.
Su vida estuvo marcada por tragedias, excesos y redención. Su primer matrimonio fue un caos, pero encontró un pilar en Sharon Osbourne, su mánager y compañera durante más de 40 años, con quien tuvo tres hijos.
En los 2000, el reality The Osbournes lo volvió una figura pop entrañable: un abuelo excéntrico, rockero y adorable. Pero nunca abandonó su esencia oscura: “Pink Floyd era música para chicos ricos. Nosotros éramos lo opuesto”, dijo alguna vez.
El ocaso, la despedida y el legado eterno
Ozzy fue diagnosticado con Parkinson en 2019, pero no se rindió. El 5 de julio ofreció un concierto benéfico para luchar contra la enfermedad que lo consumía. Su voz ya no era la misma. Su cuerpo, debilitado. Pero su espíritu, inquebrantable.
Esa noche cerró con Paranoid, mientras lágrimas y aplausos se confundían entre las luces del estadio Villa Park. Fue su forma de decir: “Gracias. Esto es todo”. Seis años después, su cuerpo se rindió. Pero su legado es eterno.
El mundo del rock lo llora. Elton John lo llamó “una leyenda que habita el panteón de los dioses del rock”. Millones de fans alrededor del mundo reproducen sus discos, recordando la magia, el vértigo y la oscuridad que emanaban de cada nota cantada por él.
Black Sabbath y Ozzy: una alianza que creó un género
Sin Ozzy no habría heavy metal como lo conocemos. Su voz, su estética, su actitud y su irreverencia establecieron un estándar que inspiró a generaciones: desde Metallica y Slayer hasta Avenged Sevenfold y Slipknot. Su capacidad para reinventarse, aún cuando sus demonios internos lo arrastraban, lo convirtió en el padrino indiscutible del metal.
Abandonó Black Sabbath en 1979, pero su carrera solista fue igualmente exitosa. Con temas como Mr. Crowley, No More Tears o Mamma, I’m Coming Home, conquistó nuevas audiencias y se consolidó como un ícono transversal.
Ozzy Osbourne: entre la locura, la genialidad y el corazón
Pese a su imagen satánica y rebelde, quienes lo conocieron hablan de un hombre sensible, amoroso y profundamente agradecido. La muerte de sus amigos Lemmy Kilmister y David Bowie lo sumieron en tristeza. Y sin embargo, siguió.
En su autobiografía, confesó que nunca quiso ser un modelo a seguir, pero sí alguien auténtico. Y eso fue: auténtico, crudo, impredecible y eterno.
El legado del Príncipe de las Tinieblas
Hoy, el heavy metal pierde a su voz más icónica. Pero el mundo gana una leyenda inmortal. Las nuevas generaciones seguirán escuchando sus himnos, inspirándose en su energía, replicando su locura y comprendiendo que la oscuridad también puede ser arte.
Ozzy Osbourne no fue solo un cantante. Fue un fenómeno. Fue un puente entre el caos y la creatividad. Fue el Príncipe de las Tinieblas que nos enseñó que la oscuridad también puede brillar.