Millones de mexicanos crecieron con una pequeña cicatriz redonda en el brazo derecho a causa de una famosa vacuna que se aplicaba en el país. Para muchas personas era tan común que terminó convirtiéndose casi en una “marca generacional”.
Esa huella no apareció por accidente ni era una reacción extraña. La cicatriz corresponde a la vacuna BCG, aplicada durante generaciones completas para proteger contra las formas más graves de tuberculosis.
La llamada vacuna BCG —bacilo de Calmette y Guérin— utiliza bacterias vivas atenuadas derivadas de Mycobacterium bovis, un microorganismo relacionado con la tuberculosis. A diferencia de otras vacunas modernas, la BCG se aplicaba directamente en las capas superficiales de la piel y precisamente eso provocaba la famosa marca visible.
¿Por qué la vacuna dejaba cicatriz?
La explicación científica está en la forma en que el sistema inmune responde a la vacuna. Cuando la BCG entraba en contacto con la piel, las defensas del cuerpo comenzaban a atacar las bacterias debilitadas presentes en el fármaco. Esa reacción provocaba inflamación localizada y una pequeña lesión controlada en el tejido cutáneo.
Con el paso de los días aparecía una costra y posteriormente el cuerpo reparaba la zona mediante la producción de colágeno y tejido fibroso. Ese proceso era el responsable de dejar una cicatriz permanente que podía verse más clara, hundida o con una textura distinta al resto de la piel.
De hecho, durante muchos años la presencia de la cicatriz se interpretó como señal de que el fármaco había generado una respuesta inmunológica adecuada.

La vacuna BCG fue una de las más aplicadas en México
La razón por la que millones de mexicanos tienen esa marca es por la vacuna BCG formó parte del esquema nacional de vacunación neonatal durante generaciones completas. Prácticamente se aplicaba al nacer para proteger a los bebés contra formas graves de tuberculosis infantil, especialmente la tuberculosis meníngea y la tuberculosis diseminada.
Eso convirtió la cicatriz en algo extremadamente común no solo en México, sino en gran parte de América Latina. En otros países donde la tuberculosis dejó de representar un problema importante, muchos gobiernos dejaron de aplicar el fármaco de forma universal hace décadas.
Por eso actualmente muchas personas descubren con sorpresa que la famosa “marquita” del brazo prácticamente no existe en otras regiones del mundo.
¿Por qué ahora no deja marca?
La BCG pertenece a una generación de vacunas mucho más reactogénicas, es decir, vacunas que provocaban respuestas visibles sobre la piel. Hoy la mayoría de las vacunas modernas producen reacciones mucho más controladas y casi nunca dejan marcas permanentes.
Por eso la cicatriz de la BCG se volvió tan reconocible, pues era evidencia física de cómo el cuerpo había aprendido a defenderse contra una de las enfermedades infecciosas más peligrosas de la historia.
Con el tiempo, esa pequeña marca dejó de sentirse únicamente como una consecuencia médica y terminó convirtiéndose en algo compartido entre millones de personas en México y América Latina.