La Cuaresma es el periodo de reflexión y penitencia que precede a la celebración más importante de la comunidad cristiana: la Resurrección de Jesús. Este tiempo litúrgico comienza oficialmente con el Miércoles de Ceniza, una fecha que varía cada año dependiendo del calendario lunar.
La festividad marca el inicio de una temporada dedicada a la introspección y la renovación espiritual para millones de fieles en todo el mundo.
La duración de la Cuaresma no es accidental, sino que responde a una profunda carga simbólica dentro de las Sagradas Escrituras. El número cuarenta aparece repetidamente en contextos de prueba, purificación y transición.
Para la Iglesia católica, este lapso representa principalmente los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto ayunando y orando antes de comenzar su ministerio público, enfrentando diversas tentaciones.
Entender la Cuaresma requiere mirar hacia atrás en la historia bíblica, donde el número 40 también evoca los 40 años que el pueblo de Israel vagó por el desierto en busca de la Tierra Prometida.
Asimismo, se relaciona con los 40 días del diluvio universal en tiempos de Noé, periodos que, en esencia, significan una preparación necesaria para recibir una nueva alianza o una bendición divina tras un proceso de disciplina.
El cálculo de los días y el Miércoles de Ceniza
Cuaresma se determina contando hacia atrás desde el Domingo de Pascua, que este año se celebrará el 5 de abril. Para llegar a la cifra exacta, se contabilizan seis semanas completas, pero se excluyen los domingos del conteo, ya que cada domingo se considera una «pequeña Pascua» o un día de fiesta por la victoria de la vida sobre la muerte. Esta matemática litúrgica sitúa el inicio de la temporada en el Miércoles de Ceniza.
La variabilidad de la Cuaresma se debe a que la Pascua se rige por el ciclo lunar, específicamente el primer domingo después de la primera Luna llena de la primavera en el hemisferio norte.
Por esta razón, la Semana Santa puede oscilar entre finales de marzo y finales de abril, arrastrando consigo todas las fechas previas del calendario eclesiástico, incluyendo el periodo de ayuno.
Durante la Cuaresma, los ritos se centran en la ceniza obtenida de la quema de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Este gesto recuerda a los creyentes su origen y su destino final, invitándolos a un cambio de vida genuino. En México, las parroquias registran una afluencia masiva de personas que buscan este signo externo de compromiso con su fe y su comunidad religiosa.
Ayuno, abstinencia y prácticas modernas
Cuaresma invita a los practicantes a realizar sacrificios personales que van más allá de lo alimenticio. Si bien la regla tradicional dicta la abstinencia de carne roja todos los viernes, la esencia del sacrificio es renunciar a algo que represente un apego significativo. Hoy en día, muchos fieles optan por reducir el uso de redes sociales o el tiempo frente a pantallas como una forma de autodisciplina contemporánea.
La práctica de la Cuaresma incluye también el Vía Crucis, una meditación sobre el camino de Cristo hacia el Calvario.
Según el Vaticano, estas devociones buscan fortalecer la solidaridad con quienes sufren en la actualidad, transformando el sacrificio individual en obras de caridad tangibles para los sectores más vulnerables de la sociedad.
En el contexto social de la Cuaresma, las comunidades suelen organizar eventos para recaudar fondos, como las tradicionales cenas de pescado. Estas actividades no solo cumplen con el precepto religioso de no comer carne, sino que fomentan el sentido de pertenencia y la ayuda mutua. Es un tiempo donde la fe se vive de manera colectiva a través de la oración y el servicio al prójimo.

Diferencias con la tradición ortodoxa
Cuaresma se vive de forma distinta en la Iglesia ortodoxa oriental, donde el cálculo de las fechas sigue el calendario juliano en lugar del gregoriano. Para ellos, el periodo de penitencia se conoce como la «Gran Cuaresma» y comienza un lunes, denominado «Lunes Limpio».
Este año, dicha observancia inicia el 23 de febrero, culminando en su propia celebración de la Pascua el 12 de abril.
Aunque las fechas no coincidan, el propósito de la Cuaresma sigue siendo universal: un llamado a la purificación del alma. Mientras los católicos utilizan ceniza, los ortodoxos inician con un ayuno estricto que busca limpiar el cuerpo y la mente para las festividades sagradas. Ambas tradiciones coinciden en que sin este tiempo de preparación, la alegría de la resurrección no tendría el mismo impacto espiritual.
La Cuaresma concluye oficialmente el Jueves Santo antes de la Misa de la Cena del Señor, dando paso al Triduo Pascual. Durante estos días finales, la intensidad de la liturgia aumenta, enfocándose en la pasión y muerte de Jesús.
Es el cierre de un ciclo de cuarenta días que busca dejar a los fieles renovados y listos para celebrar la esperanza que representa el sepulcro vacío.
La Cuaresma sigue siendo un pilar fundamental de la cultura y la espiritualidad que define la identidad de millones de personas cada año.