¿Cuáles son las cirugías de mayor riesgo para mayores de 65 años?

Cirugías de alto riesgo en adultos mayores presentan mayores complicaciones si se realizan de emergencia. Conoce los detalles.

¿Cuáles son las cirugías de mayor riesgo para mayores de 65 años?

Las cirugías de alto riesgo representan un desafío significativo para la medicina geriátrica contemporánea, especialmente cuando se trata de pacientes que superan los 65 años de edad.

Una investigación reciente, difundida por el Colegio Americano de Cirujanos, ha arrojado luz sobre los factores que determinan el éxito o el fracaso de una intervención de cirugías en este grupo etario. El estudio subraya que la ansiedad que rodea a estos procedimientos es comprensible, pero debe ser gestionada mediante la información y la prevención oportuna.

De acuerdo con los especialistas, existen dos determinantes fundamentales que marcan el pronóstico de una de estas cirugías: la fragilidad previa del paciente y la naturaleza misma del procedimiento.

Sin embargo, los datos revelan una realidad contundente: el nivel de riesgo intrínseco de la cirugía suele ser más determinante para la supervivencia que el estado físico general de la persona. Esto significa que incluso un paciente considerado «fuerte» puede enfrentar peligros severos ante intervenciones complejas.

En México, donde la población de adultos mayores está en constante crecimiento, comprender cuáles son las cirugías de alto riesgo es vital para las familias y los cuidadores.

La tendencia a posponer tratamientos necesarios es uno de los mayores obstáculos para la salud pública, ya que muchas condiciones que podrían resolverse con una cirugía programada terminan convirtiéndose en emergencias médicas con pronósticos reservados.

Clasificación de los procedimientos de cirugías

La investigación analizó a más de 57 mil pacientes para diferenciar entre procedimientos de bajo y alto impacto.

Dentro de la categoría de bajo riesgo para mayores de 65 años, se encuentran las apendicectomías y la extracción de cálculos biliares. Estos procedimientos, aunque requieren cuidados postoperatorios, mantienen tasas de mortalidad y complicaciones relativamente controladas, incluso en pacientes que presentan ciertos niveles de fragilidad.

Por el contrario, las cirugías de alto riesgo identificadas en el estudio incluyen la cirugía de colon y la reparación de úlceras perforadas. Estos procedimientos afectan sistemas vitales y suelen requerir tiempos de recuperación más prolongados y cuidados intensivos.

La tasa de mortalidad en estos casos es significativamente mayor, lo que obliga a los equipos médicos a realizar evaluaciones preoperatorias mucho más rigurosas para mitigar los peligros.

Un hallazgo sorprendente del estudio es que los pacientes que no son frágiles pero se someten a cirugías de alto riesgo presentan tasas de mortalidad más elevadas que aquellos pacientes frágiles que entran a procedimientos de bajo riesgo.

Esto refuerza la idea de que la complejidad técnica de la operación es el factor de mayor peso en el desenlace clínico, independientemente de la vitalidad que aparente tener el adulto mayor antes de entrar al quirófano.

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El peligro de posponer las intervenciones

Uno de los puntos más críticos enfatizados por el Colegio Americano de Cirujanos es el riesgo asociado a las operaciones de emergencia.

Muchos adultos mayores tienden a evitar el quirófano por miedo o por considerar que sus síntomas son propios de la edad. No obstante, esperar a que una condición empeore hasta requerir una intervención urgente aumenta exponencialmente las probabilidades de complicaciones sistémicas y de fallecimiento durante o después del acto quirúrgico.

Abordar los problemas de salud de manera oportuna es la mejor estrategia para evitar las cirugías de alto riesgo en condiciones desfavorables.

Cuando una operación se realiza de forma programada, el equipo médico tiene la oportunidad de estabilizar condiciones preexistentes, como la hipertensión o la diabetes, y de planificar una rehabilitación adecuada. La urgencia, en cambio, priva al cirujano y al anestesiólogo de este margen de maniobra tan necesario en pacientes de edad avanzada.

La educación del paciente y de su entorno es fundamental para tomar decisiones informadas que prioricen la calidad de vida y la longevidad, evitando que el miedo a la cirugía se traduzca en una situación de riesgo innecesaria.

Fragilidad y nivel de riesgo: dos conceptos clave

La fragilidad se define como un estado de vulnerabilidad fisiológica que disminuye la capacidad del cuerpo para recuperarse de un estrés externo, como lo es una cirugía.

Los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos según este criterio, pero observaron que la cirugía de alto riesgo igualaba los peligros para todos. Este descubrimiento invita a los médicos a no confiarse únicamente en la «buena apariencia» de un paciente mayor al momento de sugerir un procedimiento complejo.

La recomendación general para los mayores de 65 años y sus familias es mantener una comunicación abierta con el médico de cabecera.

Es crucial no ignorar dolores abdominales crónicos o problemas digestivos que podrían derivar en una reparación de úlcera o cirugía de colon.

Detectar y operar a tiempo transforma lo que podría ser una intervención de emergencia en un procedimiento controlado con altas posibilidades de éxito.

En conclusión, las cirugías de alto riesgo no deben ser motivo de parálisis, sino de acción preventiva. Conocer los riesgos, evitar las postergaciones y comprender que el tipo de cirugía es el factor crítico ayudará a que más adultos mayores superen con éxito sus necesidades quirúrgicas en este 2026.

La medicina moderna cuenta con herramientas para mejorar los resultados, siempre y cuando la intervención se realice en el momento correcto y no bajo la presión de una crisis de salud.

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