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Golpe de estado en Myanmar: ¿Cómo pudo el ejército derrocar la democracia?

Golpe de estado en Myanmar: ¿Cómo pudo el ejército derrocar la democracia?

Myanmar enfrenta una de las peores amenazas contra la democracia por parte de su todopoderoso ejército, que quiere mantener un poder que los civiles no están dispuestos a ceder.

Por Raúl Luna

15/03/2021 05:48

Desde el 1 de febrero de 2021, Myanmar (también conocido como Birmania) ha estado bajo el poder presuntamente ilegítimo del ejército, que está utilizando su gran poder financiero y los privilegios a los que nunca renunció para, según voces destacadas en todo el mundo, cometer una serie de crímenes contra la humanidad luego de un golpe de estado.

El caso de este país asiático, que colinda con China, es de especial relevancia para los líderes mundiales, organizaciones de la sociedad civil y defensoras de los derechos humanos debido a la gravedad de las faltas que los militares birmanos contra el ideal de la democracia, y por eso países como Estados Unidos, Reino Unido y otras naciones Europeas han condenado la toma del poder a través de las armas.

El origen del gran poder del Ejército se remonta a las casi cinco décadas durante las que amasó el poder absoluto en Myanmar y se organizó alrededor de las más importantes actividades económicas del país, además de una influencia en el Congreso que sigue siendo la misma pese a la llegada de las elecciones libres.

Las dictaduras militares 

Birmania era una colonia del Reino Unido hasta 1947, cuando el primer ministro británico Clement Attle y el primer ministro birmano, U No, acordaron la independencia de la nación, que surgió como una república naciente en el Asia oriental.

La independencia llegó finalmente en 1948 y la nación fue nombrada Unión de Birmania. U Nu ascendió al poder después del asesinato del general Aung San, un líder nacionalista. Pero el gobierno de U Nu fue derrocado por otro general, Ne Win, quien en 1962 encabezó el primer régimen autoritario del país.

El aplastante gobierno militar se encargó de reprimir todo tipo de manifestaciones con violencia extrema, incluyendo dinamitar el edificio del sindicato de estudiantes de la Universidad de Rangún, la capital. La represión continuó a lo largo de más de dos décadas hasta que otro general, Sw Maung, asumió el mando a través de lo que muchos llamaron otro golpe de Estado.

Al asumir el poder, Maung se declaró como gobernante militar, decretó la ley marcial en toda la nación y le cambió el nombre por el de Myanmar. Si bien prometió que impulsaría una nueva democracia, se mantuvo en el poder hasta 1997, pero durante estos años comenzó la resistencia de la ahora detenida líder democrática Aung San Suu Kyi, quien después sería nombrada premio nobel de la paz.

Suu Kyi y su propuesta de democracia

Desde 1988, cuando Suu Kyi fundó el partido Liga Nacional de la Democracia (LND), que se oponía al gobierno militar, fue vista como el principal estandarte de la lucha por el anhelado sueño de una democracia.La LND participó en las elecciones de Ne Win en 1990, en la que obtuvo la mayoría de los escaños en el parlamento, pero los militares no aceptaron los resultados.

Suu Kyi recibió el Premio Nobel de la Paz en 1991 por su activismo político que no se detuvo a pesar de que los militares habían invisibilizado su influencia democrática en la población. Fue detenida y se mantuvo en prisión durante 15 años, y fue liberada nuevamente el 13 de noviembre de 2010.

Las violentas represiones del 88 en Myanmar fueron dirigidas a budistas, estudiantes y activistas democráticos.

El respaldo que había ganado la LND en la prensa y en la opinión pública no fueron suficientes para que el proyecto de democracia fuera exitoso, hasta que en 2015 los votantes, hartos de medio siglo de golpe militar tras golpe militar, votaron de forma masiva para otorgar el liderazgo político al partido de Suu Kyi.

Motivos constitucionales le impidieron ser elegida presidenta, pero su aliado, Htin Kyaw, se convirtió en el primer presidente civil elegido democráticamente en Myanmar, aunque la líder dejó en claro que el verdadero poder recaería en ella quienquiera que estuviera en el puesto y que perteneciera a la Liga Nacional por la Democracia.

El ejército birmano nunca cedió el poder

A pesar de la llegada del gobierno civil en 2015, el ejército mantuvo una influencia trascendental en el gobierno de Myanmar. Según Human Rights Watch, la Liga Nacional por la Democracia nunca logró un poder legítimo separado de los militares y en cambio se alió con los líderes castrenses para mantener el control del país, hasta entonces cerrado al resto del mundo.

Pero el Tatmadaw, como también se conoce a las fuerzas armadas de Myanmar, tiene presencia en todos los aspectos del país incluyendo su economía, con un poder político secretivo pero reconocido y con una limitada apertura a dar a conocer la verdadera naturaleza de su relación con la NDL.

Se cree que el poder del ejército no ha dejado de ser omnipresente desde 1948.

En 2008 el ejército optó por permitir un camino hacia una “democracia disciplinada”, que al final resultaría en una nueva constitución promulgada ese mismo año y que aún tiene efecto al día de hoy, pero que también se ve amenazada por el golpe de estado del 1 de febrero

Las elecciones de 2020: el quiebre

Según BBC, Suu Kyi fue perdiendo parte de su antigua popularidad en el país cuando se volvió claro que su partido y su gobierno no habían sido capaces de eliminar el ancestral poder de los militares, que en cambio seguían teniendo empresas y conglomerados que, tras la liberalización de su mercado, propiciaron un boom económico en Myanmar que elevó su poder.

En los casi cinco años del gobierno democrático Suu Kyi también fue señalada por la persecución y exterminio de la minoría musulmana rohingya, que provocó el desplazamiento de cientos de miles de personas hacia otros países mientras soportan a su vez una de las tantas crisis de refugiados en el mundo.

Con todo y esto, la LND arrasó en las elecciones de noviembre obteniendo 396 de 746 puestos en el parlamento, una mayoría del 83 %, por encima del partido Unión Solidaridad, respaldado por el ejército. 

El líder actual del ejército, el general Min Aung Hlaing, creía que los años de la “democracia disciplinada” debilitarían lo suficiente al partido democrático, pero se decepcionó al ver que Suu Kyi ganó la presidencia.

Golpe de Estado

El largo historial de levantamientos militares en el país continuó con los líderes militares acusando un supuesto fraude electoral de Suu Kyi y sus aliados. Las detenciones de la presidenta electa y de varios de sus funcionarios daban inicio a lo que varios medios de comunicación llamaron un golpe de estado que derrocó al gobierno democrático.

Recientemente el ejército canceló las licencias a 5 medios de comunicación que mencionan el “golpe de Estado”.

Estaba claro que el ejército no estaba dispuesto a renunciar a su influencia y al poder económico que ostenta. Pero la vida llena de lujos de las familias de los principales líderes castrenses y la falta de una verdadera democracia impulsaron la serie de levantamientos civiles que han inundado los noticieros en las últimas semanas.

Protestas y violencia contra civiles

El poder militar de antaño se encontró con una sociedad sumida en la indignación al ver a sus líderes democráticos derrocados, y las protestas no se hicieron esperar. Como reportamos en La Verdad Noticias, el ejército pronto impuso una ley marcial y declaró estado de emergencia durante un año, así como toques de queda y prohibiciones a las reuniones públicas. 

Medios internacionales han cubierto la violenta represión contra los civiles por parte de las fuerzas de seguridad, con decenas de muertes durante las manifestaciones masivas y la ausencia del Estado de Derecho que, según organizaciones como Human Rights Watch, están vulnerando los derechos humanos de los birmanos.

La principal preocupación del mundo occidental es que el derrocamiento de la democracia en Myanmar pueda dar lugar a una tiranía que se pensaba terminada. Las imágenes de manifestantes siendo atacados con fuerza letal han dado la vuelta al mundo, mientras que Rusia y China prefieren mantenerse al margen y Estados Unidos y Europa, así como la ONU, exigen el retorno a la estabilidad en el país.

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