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Fue violado más de 200 veces por un cura y lo perdonó

por La Verdad

Agencias/ Diario La Verdad CANCÚN, Q. Roo.- Daniel Pittet, con solo nueve años de edad, fue violado más de 200 veces por un cura y lo perdonó. Durante tres años, cuando fue monagillo del fraile capuchino Joel Allaz en la catedral de Friburgo (Suiza) vivió un infierno. Sin embargo años después y durante la presentación de su libro autobiográfico dijo que lo perdonó. El mismo papa Francisco ha apoyado su decisión de romper el silencio. "Para quien ha sido víctima de un pederasta es difícil contar lo que ha soportado. El testimonio de Daniel es necesario, precioso y valiente", escribe el sumo pontífice en el prólogo.

"El perdón me ha hecho libre y he construido mi vida sobre este perdón", indica.

PRÓLOGO

"Un sábado como todos los demás entra en la catedral un sacerdote capuchino, el padre Allaz, para celebrar misa. ¿Por qué él? Ha olfateado una buena presa. Me invita al convento. Quiere enseñarme un mirlo que habla. ¡Tengo nueve años, es algo mágico! Sin tiempo de ver al mirlo, me hace entrar en su habitación. Me ordena: '¡Bájate el calzón!'. Todo discurre muy rápido. Después, me sirve una limonada. Ninguna palabra. Bebo en silencio. Me acompaña a la puerta, todo sonrisas. Me dice en voz muy baja: 'Tendremos que guardar todo esto entre nosotros'".

Así empezó todo en 1968. Durante los siguientes cuatro años, el francés Daniel Pittet, un monaguillo de ocho cuando comenzó esta pesadilla, fue violado más de doscientas vecespor Joël Allaz, un fraile capuchino de la catedral de Friburgo.

Un día, una tía abuela se dio cuenta de lo que sucedía y le impidió volver a ese lugar. Cuando fue a despedirse, Allaz lo violó una última vez y le dijo "Ya puedes irte, ya no te necesito".

Todo eso lo cuenta el propio Daniel Pittet en el libro que acaba de publicar. El libro se llama “Le Perdono, padre”. Y es que a fin de 2016, cuando ya casi tenía terminado su libro, Pittet, volvió a buscar a ese cura que lo abusó e hizo lo mismo con otros 150 menores hasta que fue apartado por la Iglesia. “Arrastraré este peso hasta mi muerte”, le confesó Allaz a Pittet en ese encuentro.

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