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El crimen de Gregory: un misterio que destruyó a una familia y llevó a un juez a la muerte

por La Verdad

Agencias / Diario La Verdad México, D.F.- El 16 de octubre de 1984,  Grégory Villemin tenía cuatro años y fue secuestrado y asesinado. Su cuerpo apareció flotando en el río Vologne en Docelles a seis kilómetros de su casa, en  Francia, y su nombre dio origen a uno de los mayores enigmas de la historia criminal.

El crimen de Gregory

Se tomaron más de 400 muestras de ADN, se interrogó al menos a un centenar de testigos y se recibieron casi dos mil mensajes anónimos. Tres décadas después, el círculo de sospechas volvió a cerrarse sobre la familia y el primer juez del caso, señalado como el responsable de la pila de errores que alejó durante tanto tiempo la verdad, fue encontrado muerto dentro de su casa. Jean-Michel Lambert, a los 65 años, tenía una bolsa de plástico sobre su cabeza atada con un pañuelo y todo indica que su muerte está relacionada con ese primer caso, el del "pequeño Gregory", que nunca logró resolver.

La matanza del pequeño Grégory Villemin

La investigación se reabrió primero en 1999, en 2008 después y finalmente hace un mes, cuando la Justicia decidió inculpar por su secuestro seguido de muerte a su tía abuela, Jacqueline Jacob. La fiscalía pidió además la imputación de su esposo, Marcel Jacob, e interrogó a los abuelos paternos de la víctima. Gregory desapareció de su casa y esa misma noche, lo encontraron en un río. Tenía las piernas y los brazos atados con una cuerda y había muerto ahogado. No había signos de violencia en su cuerpo pero  lo habían tirado vivo al agua. Un día después, su papá recibió una carta anónima.
"No es el dinero el que podrá devolverte a tu hijo. Esta es mi venganza", decía.
El crimen destruyó por completo a la familia. La mamá del nene fue la  primera acusada por error y después absuelta de todos los cargos. Un primo del padre, Bernard Laroche, fue inculpado y después liberado también por falta de pruebas. Sin embargo el papá de Grégory, convencido de su culpabilidad,  lo mató en 1985 con una escopeta de caza. Por ese crimen pasó los siguientes cuatro años en prisión. Después de incontables idas y vueltas judiciales lo que quedaba de la familia volvió a estar bajo la lupa a partir de los  análisis grafológicos de las cartas de amenazas y correos enviados por una persona anónima a los padres del chico y en los próximos días, quizá, el crimen que parecía perfecto deje de serlo. El juez que inició la investigación, había admitido ante los medios hace unos años que  nunca logró superar ese fracaso y, aunque estaba retirado desde hace tres años, seguía con interés la reapertura del caso. No llegó a saber quién era el culpable. Se convirtió en una víctima más del misterio.

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